Negocios Salseros

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Con bandera de buena gente, el rollo de la cultura para el pueblo, Karime Macías de Duarte se ha tejido la imagen de benefactora del circo y el teatro oficial, al costo que sea, pero siempre, siempre, con el rol relevante su parentela.

Cumbre Tajín y Festival Internacional de la Salsa, por ejemplo, evidencian que si algo tiene tatuado en su alma la primera dama de Veracruz es el nepotismo. A los suyos, todo. Y si son recursos públicos, mejor.

Tiene ahí como organizadora non plus ultra de ambos eventos a Brenda Tubilla Muñoz, su prima, una dama de gris trayectoria que nunca brilló y de quien sólo se le recuerda en el jet-set de Coatzacoalcos por su pésimo rendimiento en sus días escolares y escándalos intramuros de tipo sentimental.

Pomposamente llamada “productora general de Cumbre Tajín 2104”, Brenda es hija de José Tubilla Letayf, tío de Karime, director de Desarrollo Económico del ayuntamiento de Coatzacoalcos, fracasado empresario en cuyas manos quebraron las tiendas Fotoluz, una herencia familiar por la que lloraron todos. En los días del alcalde Marco César Theurel Cotero —“Te rompo tu puta madre”—, Pepe Tubilla pretendió colar un proyecto de más de 60 millones de pesos para regular el consumo de energía en el alumbrado público, pero los regidores lo bateaban. La empresa se llama Zygor. Finalmente hizo su trastada y dispuso de los recursos.

Brenda Tubilla le da un toque único al evento de la tierra de los Voladores de Papantla, usadas las raíces culturales como mera fachada, agobiado por la estridencia del rock, el pop y otras expresiones musicales dignas de un escenario distinto.

Trae cada año farándula nacional e internacional, que si Tool, Macuiles, Funker, Fobia, La Banda El Recodo, Los Ángeles Negros, Celso Piña, La Sabrosa Sabrosura, Babasónicos, Ilya Kuryaki and The Valderramas, Los Tigres del Norte, estrellas en sus ámbitos respectivos pero ni un gramo de relación con los ancestros del Totonacapan. ¿Acaso alguno de ellos ha soplado los ritmos de que acompañan al vuelo de los voladores?

Maquillista de lo irreal, su prima, la primera dama de Veracruz, Karime Macías de Duarte, gusta de practicar la escolástica grillera para destacar una Cumbre Tajín, convertida en un evento musical en diversos tonos, pero sin hallar en qué punto encajan los rasgos culturales de la región, usados los totonacas como accesorio en su mayor fiesta.

Su discurso, plasmado en las notas de prensa, es rollo y más rollo:

“Este es un festival que concentra la esencia de un México orgulloso de sus raíces prehispánicas”, dice la hija del empresario fidelista Jesús Antonio Macías Yasegey, dueño del cuestionado Parque Tecnológico Puerto México y de la frustrada planta Frutas y Verduras Asépticas de Veracruz, financiada con recursos del erario, pagada con dinero de los veracruzanos.

“La sabiduría de la cultura totonaca es el faro que nos guía en este encuentro en torno a los valores que distinguen a los mexicanos en el mundo como una cultura solidaria y fraterna.

“El esplendor de la herencia totonaca se plasma en los tres reconocimientos hechos por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco) a su patrimonio y a sus prácticas.

“La familia es la base de la cultura totonaca y, por lo tanto, un ejemplo para todos”.

Pues de cuál fuma doña Karime para andar contagiando sus espejismos mentales. La Cumbre Tajín tiene mucho de farándula y una porción ínfima de raíz cultural. Eso sí, para los totonacas hay un premio de consolación: el 30 por ciento de las utilidades del evento, traducidas en becas escolares. ¡Qué generosidad!

También Brenda Tubilla Muñoz es directora del Festival Internacional de la Salsa realizado en Coatzacoalcos. En él no hay farsa. Es lo que es, un certamen de salseros.

De origen político, armado para proyectar la efímera campaña de Salvador Manzur Díaz a la gubernatura de Veracruz hasta que lo pillaron en un video operando cómo robarse los programas sociales federales y convertirlos en votos, el Festival Internacional de la Salsa nació en Boca del Río, municipio conurbado a Veracruz, y ahí se mantuvo hasta 2013.

Al ganar la elección municipal el panista Miguel Ángel Yunes Márquez, el desgobernador Javier Duarte cambió su sede a Coatzacoalcos. Allá generaba un impulso económico y ocupación hotelera de casi 30 mil habitaciones.

En Coatzacoalcos todo es a escala. Veracruz-Boca del Río es el mayor punto turístico de la entidad; Coatzacoalcos es industrial. No llegaron los cien mil visitantes pues no había dónde hospedarlos. La capacidad hotelera es si acaso de 3 mil habitaciones.

A su estilo, como si fueran elecciones y no un evento salsero, los dos primeros días del festival, el ayuntamiento de Coatzacoalcos realizó una movilización masiva, transporte a domicilio, colonos acarreados con torta y refresco, estudiantes universitarios conminados a asistir, amenazados por sus maestros con sufrir pérdidas de puntos en su calificación si desairaban la “invitación”. Con alguien tenían que llenar y evitar el ridículo.

No está mal que los universitarios y el pueblo se diviertan, pero no con cargo al erario, menos con la amenaza de una sanción escolar, pérdida de puntos en sus calificaciones. Eso es, además de falto de ética, ilegal.

Ofrecidos gratis, más de 90 mil boletos estuvieron disponibles. No lograron colocarse mediante un sistema de apartado vía internet. Otros mil 700 espacios fueron pagados —y obsequiados a amigos, recomendados, funcionarios, empresarios, líderes, el jet-set, los de genuina y los de dudosa fortuna— y a ellos se les destinó la zona VIP, en salas lounge, servicio de meseros, trago y la mejor vista hacia el escenario. Cada boleto tuvo un costo de 400 y 500 pesos, pero en reventa llegaron a cotizarse en mil 500 y 2 mil pesos. O sea, festival clasista, para veracruzanos de primera y veracruzanos de tercera.

Con un presupuesto de 17 millones de pesos, Brenda Tubilla Muñoz, el secretario de Turismo, Harry Grappa, un negociante metido a funcionario, y su staff, harían maravillas. Sólo Marc Anthony, el salsero portorriqueño, cobra entre 8 y 10 millones de pesos por presentación. ¿Por cuánto habrían contratado a Luis Enrique, Óscar de León, Tito Puente Jr., Porfi Balboa, Grupo Niche, Gilberto Santarrosa, Tito Nieves, Alberto Barros, Rey Ruiz, Alberto Ruiz, Víctor Manuelle, Lucrecia y Leslie Cartaya, Celia Cruz All Stars y El Gran Como de Puerto Rico, cuya participación había sido negada en el portal Terra y cuya información fue reproducida en decenas de medios de comunicación. ¿17 millones para contratar a esa pléyade de artistas? ¿O es más y no lo dicen?

Días antes del evento, cuando se acondicionaba el escenario sobre la séptima etapa del malecón de Coatzacoalcos, una extensa área de dunas fueron materialmente barridas por los equipos de la Dirección de Obras Públicas del ayuntamiento de Coatzacoalcos. Hubo silencio de la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales y de la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente. ¿Omisión o complicidad? Destruir una zona de dunas es delito ambiental, es federal y no alcanza fianza.

Circo para el pueblo, el Festival Internacional de la Salsa en Coatzacoalcos tiene un trasfondo distinto. Fue sacado de Boca del Río por razones políticas. Mantenerlo en su edición 2014 en aquel municipio hubiera equivalido a ponerlo en manos de Miguel Ángel Yunes Márquez, hijo del acérrimo enemigo del fidelismo y el duartismo, el panista Miguel Ángel Yunes Linares, y ahí se sabría cuántos millones andan danzando y en qué cuenta irían a parar.

En manos de los Yunes, el negocio que entraña el Festival Internacional de la Salsa habría salido del control de Karime Macías de Duarte, vía su prima Brenda Tubilla Muñoz, desnudas las empresas que facturan los diversos servicios, la construcción de escenarios, el acondicionamiento de la zona VIP, el templete, las pantallas, el sistema de iluminación.

¿Se licitaron los contratos de obra o se adjudicaron directamente? ¿Cuáles son las empresas proveedoras, quienes sus dueños, quiénes sus prestanombres, quién está detrás de ellas? El uso de los recursos públicos obliga a transparentar su aplicación y si hay corrupción, a castigarla.

En la opacidad, las cuentas del Festival Internacional de la Salsa sólo las conocen el (des)gobernador Javier Duarte, Karime Macías, Harry Grappa, Brenda Tubilla Muñoz y su equipo financiero más cercano. En una ciudad sin agua, con graves rezagos sociales, sin urbanizar la mayor parte de las colonias, con una inseguridad que va in crescendo, la criminalidad por todas partes, el Festival Internacional de la Salsa en Coatzacoalcos sólo fue un proyecto para entretener. Y en el traspatio, los negocios de siempre.

Son los negocios salseros de Karime. Cumbre Tajín y Festival Internacional de la Salsa son sus negocios.

Es la otra cara de la gobernadora de Veracruz.

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