El show de la pastora Lucy…

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Más política que mística, profundamente intencionada —¿o malintencionada?—, la pastora Lucy ya es gobiernista, duartista, incitadora de enconos disfrazados de justicia hasta convertir su voz en ariete de la ley, porque, dice, “la Comunidad de Dios ha sido agraviada”.

Su perorata es una joya. Rubricadas con aplausos y vítores en medio del duelo, sus palabras arengaban por igual a sus feligreses a perdonar, a amar, a buscar la justicia, a asumirse lastimados por el crimen de su pastor y esposo, Claudio Martínez Morales, y simultáneamente a orar por los cuatro electricistas inculpados y por sus familias, refundidos en prisión, enjuiciados por el implacable testimonio de la dama.

Luz Margarita Enríquez Reyes —la pastora Lucy— trae la contradicción en la piel. Ilesa en una masacre brutal que cimbró a Coatzacoalcos, pudo ver a los tipos que se supone entraron a su hogar por la puerta principal de su ostentosa mansión. Fue sometida, supuestamente también, atada y amordazada y dejada así en la cocina del hogar. Sus verdugos, o mejor dicho los de su esposo, se dirigieron a otras áreas. Sedientos de dinero y al no hallar mas que una mísera cantidad, dice la dama, la emprendieron contra el líder de la Comunidad de Dios.

Era la mañana del 17 de junio. Cruzado el horror con la saña, Claudio Martínez murió en un mar de sangre, mientras la pastora Lucy, testigo crucial —en sus ojos el perfil anatómico y la vestimenta, en sus oídos las voces de los sicarios—, inexplicablemente gozaba de un privilegio único: la dejaron vivir. ¿No hubiera sido lógico que la silenciaran?

Transcurridos los días de duelo, las exequias, el tiempo de pésame y las elecciones de diputados y alcaldes, la pastora Lucy se volvía de humo mientras los ecos del caso Claudio se perdían en el tiempo.

Reapareció convenientemente 70 días después cuando la policía de Veracruz levantaba e incomunicaba a cuatro trabajadores de Comisión Federal de Electricidad y el Ministerio Público les imputaba el crimen. Lucy de Claudio los terminó de hundir al rendir su declaración ante el juez.

Denostada en las redes sociales, acusada de ser la asesina de su marido, un mundo de lodo a cuestas, fijó posición en la sede de la Comunidad de Dios con un discurso que lo mismo hacía énfasis en lo político que brincaba a lo místico.

Recibida entre aplausos, ambiente relajado, imperceptible el dolor por el escandaloso crimen, la pastora Lucy acudía al enredo de sus ideas para posicionar su arreglo con el poder. Aquí, unos fragmentos del show:

“La Comunidad de Dios ha sido agraviada —dijo remarcando cada palabra—. Cada uno de sus fieles, cada familia, hoy aquí reunida, ha sido lastimada”. Provocaba así el primero de los aplausos.

“Primero —agregaba—, porque le arrebataron la vida a nuestro pastor fundador, y segundo, porque se pretende confundir, trastocar, equivocar y desconcertar a la sociedad de Coatzacoalcos”.

A su lado se hallaba una imagen de Claudio Martínez, su rostro sonriente, la imagen a venerar. Dos veces dirigió la pastora Lucy su mirada al retrato y en una le habló como si estuviera vivo.

”Estamos aquí frente al recuerdo nuestro —gira el cuerpo, pasa la mirada fugazmente por la imagen de Claudio y retoma el hilo del monólogo—, al recuerdo vivo de nuestro pastor, al recuerdo de ánimo, de energía, de vigor, de aliento, de esfuerzo, de valor y de virtud”.

Hace un alto ante una nueva andanada de aplausos. Lucy Enríquez sonríe por primera vez, entre los gritos de su rebaño.

“Porque ha sido él, ha sido él, quien durante toda su vida nos enseñó a defender la verdad.

“Por esa razón y en tu nombre —voltea a ver de nuevo el retrato de Claudio—, hacemos un llamado a nuestras autoridades a no dejarse intimidar por nadie”. Sube el tono de los aplausos y de los gritos.

“Más allá de colores y partidos, más allá de la forma de pensar y de creer, más allá del color y de nuestra piel, está la justicia y el respeto.

“Por eso reconocemos las acciones que a nuestro favor ha impulsado el gobernador del estado, el procurador de Justicia y nuestro alcalde Marcos Theurel”. Le sigue otra avalancha de aplausos.

“Y lanzamos desde aquí un llamado al alcalde electo, Joaquín Caballero, para que reafirme su defensa a favor de las madres que han perdido a un esposo o a un hijo, a favor de aquellos que defienden su fe, y que son perseguidos; a favor de cómo nosotros exigimos una comunidad más segura.

“A partir de este momento nuestra comunidad está en permanente oración para que ilumine a los jueces y magistrados al momento de emitir un juicio. A ellos y sus familias estará dedicada nuestra intención. Y de manera particular estaremos en oración constante por los inculpados y por sus familias.

“La justicia, el respeto y la verdad son los ejes de toda buena sociedad.

“No tengamos miedo de predicar y defender estos valores. Justicia ante el abuso, respeto ante el dolor, verdad ante la mentira”. De nuevo aplausos mientras algunos agitaban sus pañuelos blancos, rememorando la brillante faena del torero en la fiesta brava.

“Esos fueron precisamente los ejes de campaña de nuestra ahora diputada Mónica Robles de Hillman, cuya gestión al frente de la sociedad de Coatzacoalcos es urgente a favor de los que piden justicia.

“Hoy, aquí, frente a Claudio, quiero que pongan su mano en el corazón y quiero que cerremos nuestros ojos y que digamos: te perdono a ti que me separaste de mi padre, de mi esposo, de mi hijo, de mi hermano. Te perdono a ti que me arrebataste a mi pastor. Te perdono. Te llevaste a un hombre pero no nuestra fe”. Más aplausos y más gritos.

Tiene para todos la pastora Lucy. Se asume duartista, amadeísta y theurelista, cerrados sus ojos a la fabricación de culpables que distingue al régimen de la prosperidad y a los frecuentes alardes bipolares del alcalde de Coatzacoalcos, sus amenazas, la provocación, el lenguaje violento, la ira desbordada, sus insultos —“Te rompo tu puta madre”— y el acoso a sus enemigos. La pastora Lucy se rinde ante ellos. ¿A cuenta de qué?

Lucy de Claudio quiere en su regazo al alcalde electo Joaquín Caballero Rosiñol para que garantice una comunidad más segura, y reclama de Mónica Robles “justicia, respeto y verdad”, sus premisas de campaña.

Rehén de sus propias contradicciones, la pastora Lucy conmina a sus feligreses a orar “por los inculpados y por sus familias”, justo dos días después que ante el juez les arrojó su testimonio acusatorio, no desprovisto de inconsistencias, les hundió otra daga que sirvió para el auto de formal prisión, sujetos pues a juicio.

No es común ver a alguien en duelo, traspasada por el crimen despiadado a domicilio, con la sonrisa que le provocan sus fieles en atronadores aplausos. Así son las tempestades. Hay quien les ve su lado alegre.

Su dolor es suyo y de su familia. Pero la pastora lo hace extensivo a su iglesia. “La Comunidad de Dios ha sido agraviada”, dijo de entrada en su controvertido discurso, expresión de manipulación. No se sabe que otras tragedias de feligreses se hayan convertido en agravio a la Comunidad de Dios.

Combina Lucy de Claudio su arenga a pedir justicia con una oración por los inculpados y por sus familiares, y con la misma alerta a las autoridades “a no dejarse intimidar por nadie”. ¿Por qué orar por los inculpados que ella pretende hundir? A Dios rogando y con el mazo dando.

Cita colores y partidos como si el pastor hubiera sido crucificado en plena jornada electoral. ¿Por qué el ingrediente político? ¿A qué militantes les dirige el dardo?

Crecen juntos la cizaña y el trigo como el lodo y la verdad. En el día final, Dios los separará.

¿En qué reino le tocará estar a la pastora Lucy?

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