Doble ¿moral?

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La cosa es así: un buen día los dueños de gasolineras denuncian a la empresa Pemex porque las pipas que compran y pagan completas a la paraestatal llegan con menos cantidad de combustible. ¿Se trata acaso de una acción motivada por el deseo de que las cosas se hagan bien? Para nada. Lo que pasa es que alguien en la cadena de la corrupción decide cambiar las reglas de un juego en el que desde hace años ellos han sido cómplices y con los cuales han hecho sus negocios.

O una persona que trabaja para una institución pública un buen día hace declaraciones para denunciar las prácticas de nepotismo, amiguismo y corrupción que en ella suceden. ¿Se trata acaso de un acto de honestidad? Para nada. Lo que sucede es que a ese empleado no lo ascendieron o lo corrieron y entonces ahora sí hace escándalo sobre algo en lo que alegremente tomó parte durante mucho tiempo.

O unos empresarios quieren abrir casinos, que por ley están prohibidos, y entonces argumentan que se trata de negocios que ayudarían a la economía nacional. Pero luego esos mismos señores se enojan cuando empiezan a llegar a las costas mexicanas barcos turísticos de empresas transnacionales que incluyen entre sus atracciones a casinos, pero dado que en eso ellos no tienen participación, entonces argumentan que esos negocios le hacen daño a la economía.

El estilo es así y se repite una y otra vez. Yo sé, tú sabes, nosotros sabemos que algo que se está haciendo es ilegal, es corrupto, está mal, pero me (nos) quedo (quedamos) callados y no lo denuncio porque de alguna forma esa práctica me favorece. Hasta que un día deja de favorecerme y entonces sí, a gritar se ha dicho, a ondear la bandera de la honestidad, a exigir que se respete la ley, que se cumpla con, que se revise a, que se investigue, que se sancione, que se prohíba.

Muchos en la Secretaría del Medio Ambiente saben lo que sucede con la tala de árboles, en la de Gobernación con los migrantes, en la de Hacienda con los impuestos. Pero callan.

Callan en la Secretaría de Transporte y Vialidad del gobierno capitalino sobre los taxis pirata, hasta que un día se enojan los taxistas que sí están en regla o se comete un asesinato en alguno de esos vehículos y entonces dicen que van a regularizarlos. Y ponen una fecha límite, que nadie cumple y luego una prórroga, que nadie cumple, y así vamos ya en la cuarta ampliación del plazo y siguen circulando esos autos.

Callan en todas las instituciones respecto de cómo se hacen las licitaciones, hasta que un día se cae el avión en el que viajaban importantes funcionarios gubernamentales y entonces salen a la luz las irregularidades por la forma como se había contratado a la empresa que daba el servicio. Entonces sí a ofenderse porque se “descubre” que esos concursos hechos supuestamente para escoger lo mejor y al mejor precio están siempre sustentados en la corrupción y los arreglos sucios.

¿Cuánto falta para que salga a la luz una denuncia por lo que está sucediendo con el Issste, que ahora ha favorecido a una sola empresa (con tres nombres) dejando fuera a muchas pequeñas que se beneficiaban, previo soborno, de los contratos?

El asunto viene al caso porque apenas en diciembre pasado se armó un caos cuando no abrió la taquilla para un partido de futbol y entonces los revendedores pretendieron subir demasiado los precios. Entonces sí, los aficionados que muchas otras veces se los habían comprado, los denunciaron y hasta ayudaron a corretearlos para que se los llevara la policía.

O el caso de la Miss Sinaloa, detenida cuando viajaba con su novio narcotraficante y sólo entonces salió a la luz que su triunfo no había sido por concurso sino impuesto, y que esa práctica la habían aceptado desde la Secretaría de Turismo del Estado hasta la empresa que organiza Nuestra Belleza México, pero que ninguno había dicho nada y hasta aceptaron coronarla y aplaudirla.

En español esto se llama doble moral. Y hasta la palabra moral sale sobrando, más bien se debería llamar una sola conveniencia, que cambia según mis necesidades personales.

 

Opinion de Jvan24   y    Sara Sefchovich

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