Seduciendo a mi alumno…

“.. Adiós Chicos, nos vemos el Lunes, no olviden prepararse para el examen..” Dije mientras mis alumnos armaban un tremendo alboroto y salían corriendo a toda prisa del salón de clases, sin apenas hacerme caso.
Sonreí un poco mientras acomodaba mis libros en mi pequeña mochila. Había sido una semana muy complicada. Entre las clases, exámenes, y juntas con los padres de familia, no había podido dedicar tiempo para mi. A mis 25 años estaba exhausta y necesitaba con urgencia unas vacaciones.

Voltee a ver al fondo del salón, a uno de mis alumnos que seguía sentado en su pupitre, Michael Callaghan. En la mañana le había gastado una broma muy pesada a las niñas, rociándolas con pintura, y yo lo había castigado obligándolo a sentarse en la esquina con unas orejas de burro en la cabeza.

“.. Maestra Alina.. ¿Ya me puedo ir, o me va a tener aquí toda la tarde?” Me dijo, en un tono arrogante.

Seguí acomodando mis libros durante unos segundos antes de responder. El caso de Michael era especial para mi. Hacia 3 meses que estaba en mi clase. Desde el primer día, su comportamiento había sido sumamente conflictivo. Se peleaba con todos los niños, y coqueteaba con todas las niñas. Creo que esto se debía a que su padre tenia fama de mafioso y había heredado el carácter arrogante y agresivo a su hijo.

Lo mire de reojo. Algo que tenia Michael, aparte de personalidad, era el físico. Se podía ver que en unos años seria todo un galán. Tenia unos ojos azules que reflejaban de alguna forma su personalidad atrevida. Su cabello era rubio, un poco largo, y siempre lo llevaba despeinado. A pesar de su tierna edad, tenia un cuerpo atlético muy bien formado. Me mordí los labios, sintiendo algo de remordimiento de estar pensando así de uno de mis alumnos.

Termine de acomodar mis cosas, y lo mire fijamente.

“¿ Crees que ya has pagado tu error?”

“.. Claro nena…” Me contesto sonriendo pícaramente.

No pude evitar reírme un poco al oír tan ingeniosa respuesta. A pesar de sus problemas, Michael era un encanto. Siempre tenia el comentario cínico que me hacia reír. Y en ocasiones, hasta un piropo.

A veces, cuando estábamos solos, me llamaba “nena”, lo cual no me molestaba en absoluto. Me divertía mucho seguirle el juego, y ver como al ser confrontado, su arrogancia se desvanecía y daba paso a una timidez encantadora.

Suspire, reflexionando acerca de mi situación actual.

Hacia 4 meses que no tenia novio. Por culpa del trabajo, había descuidado mi ultima relación, y lo peor de todo es que no veía para cuando poder tener otra…nunca tenia tiempo para salir. Desgraciadamente, los únicos piropos que había oído en meses, eran de Michael.

“.. Entonces… ¿ Me voy?” Dijo arañando juguetonamente el pupitre.

Camine hacia el y me senté en el pupitre de enfrente, cruzando las piernas. Ese día, no se porque, había decidido vestirme de una forma mas atrevida que lo usual. Llevaba una pequeñísima faldita negra que cubría con apuros mi intimidad, y una delicada blusa café que se pegaba a mí como si fuera una segunda piel. Por debajo llevaba una coqueta tanguita negra, que se apretaba deliciosamente contra mi cuerpo con cada paso que daba, lo cual me hacia sonrojarme una que otra vez. Complementaba el conjunto con unos lindos tenis blancos.

Inmediatamente note que Michael miraba de reojo mis piernas y sudaba un poco. Sonreí, orgullosa del impacto que estaba teniendo en el. De alguna forma, era increíble para mi ego saber que podía afectar así a los hombres.

“ Bueno, Michael.. puedes irte.. pero por favor, trata de comportarte mejor.. ¿Me lo prometes?” Dije, tomándolo de la mano.

“ Si.. nena… lo que tu me pidas..” Contesto Michael apretando mi mano entre las suyas mientras se incorporaba.

Mordí mis labios, y durante un segundo le creí. Pero no importaba que tanto platicara con el, siempre volvía a las andadas. Este había sido su 5º castigo apenas en este mes. Y siempre me prometía que ya no lo volvería a hacer.

“.. Maestra… Este..mi papa me acaba de comprar un coche y me gustaría llevarla hasta su casa…¿ Acepta?” Dijo Michael, un poco mas serio.

“..No se, es que.. eres algo joven para manejar.. ¿ No?”

“.. Si usted gusta.. maneje usted… además.. cuando vea el carro le va a encantar..” Respondió, mientras apuradamente sacaba de su bolsillo unas llaves, que me mostró.

Las vi. Detenidamente. Claramente podía leer la palabra “Ferrari” grabada en ellas. Mire asombrada a Michael.

“..¿ A poco tu papa te compro.. un Ferrari?”

“.. Si..” Contesto orgulloso.

No lo pensé ni un segundo…

“Bueno.. acepto tu invitación, pero yo manejo..” Dije, quitándole las llaves de la mano con un gesto juguetón.

Michael rió, y juntos nos dirigimos al estacionamiento de la escuela. Ya casi no habían carros, puesto que todo mundo se había retirado lo mas pronto posible por el fin de semana. Mientras caminábamos, yo buscaba con la mirada el tan afamado carro hasta que por fin, detrás de una camioneta, lo vi.

Quede fascinada. Era un hermosísimo Ferrari rojo convertible de dos plazas, con asientos de cuero y detalles cromados. Corrí hacia el y con prisa abrí la puerta, sentándome en el asiento del conductor. Apreté un botón, y la capota comenzó lentamente a replegarse, dejando entrar el sol del atardecer al interior del carro. Michael, con un ágil salto, se metió al carro sin abrir la puerta.

“¿Te gusta, nena?” Me preguntó, volviendo a usar el tono de voz arrogante que tan bien le conocía.

“Si.. .. ¡Esta increíble!” Respondí emocionada, encendiéndolo. El sonido del motor era soberbio. Era como si un tigre ronroneara. Apreté el acelerador unas cuantas veces, y la bestia gruñó con fuerzas en cada ocasión. La sensación de poder que transmitía este carro me volvía loca.

Cambie velocidad y el carro comenzó a moverse lentamente. Respire profundamente, apretando el volante con mis manos mientras la adrenalina recorría con fuerza mi cuerpo.

Entonces voltee hacia abajo y me di cuenta que al acomodarme en el asiento mi falda se había subido un poco, y parte de mi tanga estaba ahora a la vista. Con el rabillo del ojo, vi que Michael se había dado cuenta de esto y descaradamente no le quitaba la vista de encima.

Una extraña sensación se apodero de mí. Sentí un latigazo de lujuria recorrer todo mi cuerpo. Mi corazón latía a mil por hora. Yo sabia que debía bajar mi falda y cerrar las piernas. Pero no pude. No quise. Este juego exhibicionista era demasiado emocionante para dejarlo.

Voltee a ver a Michael, y el trató de desviar la mirada lo mas rápido que pudo. Le cerré un ojo coquetamente y seguí manejando. No paso ni un segundo cuando ya estaba el nuevamente mirando entre mis piernas y no pude evitar sonreír con picardía.

Saque el carro del estacionamiento, y mordiéndome los labios aceleré. El Ferrari respondió rugiendo agresivamente y se arrancó con brusquedad. Me reí un poco, volteando a ver a Michael que con algo de miedo se sujetaba al asiento.

“..¿Había manejado antes un Ferrari, Maestra Alina?” Dijo, sumamente nervioso.

“Si.. uno de mis novios tenia uno, y yo lo manejaba a cada rato…”Dije, deslizando uno de mis dedos coquetamente por mi cabello que se agitaba con el viento.

Afortunadamente ese día había poco tráfico. La ciudad estaba semi vacía, puesto que todos habían salido de vacaciones aprovechando una feria en un pueblo vecino. Apreté el volante con fuerza. La calle frente a mi estaba prácticamente desierta. Con mucha seguridad, pise el acelerador, y el carro acelero a 180km/h en apenas unos segundos.

“..N..nena… vamos.. muy rápido…” Dijo Michael, apretando con fuerza las manos contra el tablero. Estaba tan nervioso, que ya ni siquiera miraba mis piernas.

“Tranquilo, Michael.. he manejado antes a esta velocidad…” Dije con mucha seguridad, mientras rebasaba a 2 carros de forma agresiva.

Michael trato de tranquilizarse, y adoptando nuevamente su mascara de “arrogancia”, me dijo:

“¿Te gustaría conocer un sitio divertido? Hay un atajo, cerca de la autopista, que lleva a un mirador en la montaña…”

Sonreí un poco, sin mirarlo. Yo sabia perfectamente que ese supuesto mirador era realmente donde las parejitas de novios iban a tener sexo en sus carros. Pero algo en la forma en la que me lo había dicho, con un intento obvio de parecer “Don Juan”, pero a la vez tan torpe, me había enternecido.

Dude mucho antes de saber que contestar. Por un lado, no seria para nada correcto que una maestra fuera descubierta haciendo cosas “inapropiadas” con uno de sus alumnos. En una ciudad tan pequeña como esta, si se descubriera, tendría consecuencias que no quería imaginar.

Pero mi cuerpo opinaba diferente.

Me sentía acalorada. Excitada. Hacia mucho tiempo que no me sentía así, tan… salvaje. Y la emoción por manejar el carro no me ayudaba en nada a calmarme.

La humedad de mi coño era cada vez mas evidente. El mensaje que me indicaban mis instintos era claro. Necesitaba con urgencia una verga. Sentirla penetrándome sin piedad, una y otra vez. Necesitaba sentir un duro miembro en mi boca. Saborear lentamente con la lengua la calida semilla de un hombre.

Cerré los ojos por un segundo. Cuando los abrí, ya me había decidido.

“.. Claro, me encantaría conocer el Mirador, Michael..” Dije, mientras el ponía una cara de asombro, sin saber que decir.

Quizás supuso que yo le diría que no. Y de esa forma, su ego no sufriría, ya que en teoría, había “hecho el intento”. No era algo fácil para ningún alumno cogerse a su maestra, así que si el plan fallaba, no seria algo del todo inesperado.

Pero creo que no había previsto un plan B, en caso de que yo le dijera que si.

Maneje a toda velocidad por la carretera, hasta que encontré una pequeña desviación que se metía en el bosque. Desacelere, y con cuidado entramos por una pequeña vereda rural. El Carro avanzaba con dificultad, ya que estos no eran precisamente sus terrenos.

Con los movimientos que daba el carro, note que mi falda se había subido un poco mas. Ahora la parte frontal de mi tanga estaba completamente a la vista. Pero a pesar de esto, Michael miraba nervioso el camino. Seguramente, supuse, no sabe que hacer ahora que su fantasía se le va a hacer realidad. Sonreí con malicia.

Después de unos minutos, llegamos al Mirador. Voltee a ver a todos lados mientras detenía el carro, tratando de asegurarme que no hubiera nadie cerca. Una vez calmados mis temores apague el motor. Me acomode de lado en mi asiento, cruzando las piernas, en dirección a Michael, que no se atrevía a mirarme.

“Llegamos, y debo reconocer, esta muy bonito este lugar…” Dije, fingiendo inocencia.

Michael me miro, y trato nuevamente de aparentar gran seguridad, aunque sin mucho éxito, puesto que comenzó a sudar de nervios…

“Traje unas cervezas…nena ¿ Quieres una?” Dijo, y sin darme tiempo a responder, abrió el compartimiento lateral del tablero, y saco de ahí 2 latas de la embriagante bebida.

Deslice mis dedos juguetonamente a lo largo de mi cabello, mientras tomaba una de las cervezas con la mano izquierda. Sonreí y acto seguido le di un largo trago. Michael hizo lo mismo, mirando nuevamente de reojo mis piernas.

Yo sabía que su táctica sería “emborracharme”. Después de todo, eso estaba escrito con hierro en el manual de todos los hombres. Pero me encantaba darle la impresión de que él llevaba el control de la situación. Ver sus torpes intentos de ser un conquistador me estaba excitando mucho.

Decidí seguirle el juego.

Agarre la cerveza y le di unos tragos mas, hasta que me la acabe.

“Que… delicia…” Dije, riéndome tontamente, actuando como si hubiera bebido por horas.

“Supongo que se siente mejor ahora, ¿Verdad Maestra?” Dijo Michael, sonriendo maliciosamente, creyendo que su plan iba a la perfección.

“S…sip… ¿Tienes otra cerveza?” Dije, arrastrando las palabras a propósito.

Michael saco de la gaveta otra cerveza, y rápidamente me la ofreció. Juguetonamente le di un trago, pasando mi lengua sensualmente por el borde. Me la tome en segundos, y tire la lata al piso.

“¡Me…siento muy… bieeeeennnnnnn!” Dije, mientras intempestivamente me incorporaba y arrodillaba en el asiento, mirando hacia la parte trasera del carro. Lentamente me incline hacia delante para tratar de agarrar la capota del carro con mis manos. Al hacer esto, mi faldita se movió hacia arriba y mi culo quedo completamente a la vista de Michael. Lo mire de reojo y vi que estaba embelesado mirando el espectáculo que yo le brindaba.

Gracias a mis genes, afortunadamente tenia unas nalgas divinas. Firmes y redonditas. No son muy grandes pero están perfectamente proporcionadas para mi cuerpo, puesto que soy mas bien esbelta. Por esta razón, aprovechaba cuanta ocasión tuviera de lucirlas, ya sea en bikini, mini faldas.. en fin. Adoraba ver a los hombres desear con tanta hambre esa parte de mi.

“.. Uf.. esta capota.. no.. se… quiere mover..” Dije de forma coqueta, mientras hacia inútiles esfuerzos para subirla. Michael no decía nada, solo miraba de forma descarada mis nalgas.

Me quede quieta por unos segundos, arqueando sugestivamente la espalda. Sentí que la brisa del bosque pasaba lujuriosamente entre mis piernas, dándome unas cosquillitas sensuales. Mi tanga apretaba como nunca antes mi cuerpo. Era delicioso sentir como con cada movimiento tan delicada prenda frotaba sutilmente mi clítoris, una y otra vez.

“..¿ Me ayudas? Es… que quiero… s…subir la capota….” Dije, usando una voz infantil.

El tardo unos segundos en reaccionar, perdido observando mi delicioso culo.

“.. ¡Ah.!…..si, pero… no se activa desde ahí, recuerda…nena…” Respondió, mientras apretaba el botón del tablero que activa la capota. Esta comenzó a desplegarse nuevamente, encerrándonos.

“..Que..bueno eres, Michael… ufff… sabes donde esta cada botón de este…. esta cosa..” Dije, riéndome un poco.

Michael me miraba con miedo, sin saber que hacer en esta situación.

Por fin tenia una chica hermosa y “borracha” en su carro… pero no se atrevía a dar el primer paso. Quizás era porque yo no era una chica cualquiera, sino su Maestra. Y tratar de hacer algo con tu maestra, no es cosa de todos los días. Se requiere valor. Y en este momento, yo podía ver que Michael estaba aterrado.

Decidí esperar un poco a que el diera el primer paso.

“Este… maestra… le.. quisiera pedir algo.. pero…” Trato de decir, pero se sonrojo inmediatamente, y no pudo continuar.

“¿Si, Michael?”

“…pues.. es que.. usted… digo… tu, nena.. eres.. “ Michael miraba hacia abajo, sin poder mirarme a los ojos. Note que le temblaban un poco las manos.

“¿ Me vas a decir, o que?” Dije, empujándolo con mi mano de forma juguetona.

“Bueno.. d..dicen mis amigos que.. l..las.. Maestras.. a veces le dan.. sexo oral… a sus…alumnos…” Dijo, apenadísimo.

“¿Me estas pidiendo que te la mame?” Dije, poniéndome seria.

Michael, al ver esto, se asusto mucho. Su cara lo decía todo. Pensó que su comentario me había parecido ofensivo.

“..N..no, como cree, Maestra… no, para nada..yo.. yo solo…” Tartamudeó.

“Ah… ¿ Entonces ….no quieres meterme la verga en la boca?” Respondí con seriedad, pero recargándome en el asiento, como si estuviera mareada.

“…s..si, pero… yo… no se.. es…” Volvió a decir Michael, realmente sin tener mucha idea de que como salir del apuro.

“Dímelo.. quiero oírlo en tus palabras..”

“….”

“Michael.. dilo…”

“…..”
“Michael… estoy esperando..”

“….”

Por fin se animo a hablar. Mirándome a los ojos, se acercó un poco a mí, y con un tono de voz bajo, dijo:

“Maestra…Alina… quiero… meter mi pene en… su boca…” Dijo, apretando nerviosamente sus manos.

“Déjame besarte antes…” Dije con una sonrisita acercándome a el mientras deslizaba mis dedos alrededor de su nuca jalándolo también hacia mí. Sin darle tiempo a nada lo besé apasionadamente. Mis labios se unieron a los suyos, y agresivamente los use para abrir su boca de par en par.

Michael respiraba acelerado. Gemí suavemente, y sin darle tiempo a reaccionar, succione su lengua al interior de mi boca lo más hondo que pude. Él tímidamente trató de retirarla, pero emití un gemido de queja que no le dejó la menor duda de que no debía hacerlo.

Mi boca hambrienta devoraba agresivamente la lengua de mi tierna victima. Era una batalla muy dispareja. Nuestras lenguas se retorcían como serpientes en mi interior, y mientras Michael movía la suya cadenciosamente de atrás para adelante, como si me estuviera penetrando, la mía bailaba eróticamente a su alrededor, frotándose descaradamente con cada oportunidad.

Entonces sentí que él colocaba una mano en mi rodilla, pero sin atreverse a ir mas allá. Sonreí coquetamente mientras rompía el beso, mirándolo a los ojos.

“..Q..que… ¿Hice algo mal, Maestra?” Dijo Michael, mortificado.

Con la cabeza le dije que no. Lentamente, en una actitud felina, me pase al asiento de Michael y me senté en sus piernas, apretando mi sensual espalda contra su pecho y mis firmes nalgas contra su regazo. Volteé a ver a Michael y vi que con nervios se mordía los labios.

Queriendo darle a mi joven amante un mejor espectáculo, agarre la base de mi blusa café, subiéndola hasta que mis delicados y firmes pechos quedaron a la vista. No eran muy grandes, pero tenían una forma redondita, con unos pezones pequeños y firmes apuntando al frente.

“.. No tengas miedo.. yo se lo que quieres… pon tus manos donde gustes y aprieta todo lo que quieras…” Dije, respirando profundamente.

Michael dejo escapar una leve sonrisa, y con mucho cuidado al principio, como si yo estuviera hecha de un cristal que se pudiera romper en cualquier momento, deslizo sus manos sobre mi piel y coloco sus manos en mis pechos. Por un segundo no las movió. Tímidamente, me dio algunos apretones delicados y al ver mi reacción se fue sintiendo más animado para aumentar la intensidad poco a poco.

Gemí tiernamente al sentir sus dedos presionando contra mi carne.

Michael cerró los ojos y apretó la mandíbula. Después de algunos segundos así sus nervios habían casi desaparecido. Ahora sus manos jugaban descaradamente con mis pechos y los apretaban, jalaban, subían y bajaban una y otra vez. Yo respondía a cada una de sus caricias moviendo muy suavemente mis caderas de atrás para adelante, y claramente podía sentir su firme erección apretándose contra mis nalgas.

Entonces mi joven amante hizo algo que me sorprendió. Una de sus manos se deslizo entre mis piernas por debajo de mi tanga, y con torpeza, sin darme tiempo a reaccionar, metió un dedo dentro de mí.

Cerré los ojos y abrí la boca en éxtasis, sin emitir sonido alguno.

Que deliciosa sensación. Mi cuerpo temblaba sensualmente invadido por el deseo. El sentir aquel cuerpo extraño en mi interior había despertado instintos que hacia mucho dormían. Respondí moviendo mis caderas un poco mas rápido.

“…Ah….M….Michael…. “ Dije, con la voz entrecortada. El no respondió, y comenzó a mover su dedo aun mas rápido, de atrás para adelante, violando mi coño sin piedad. Mis delicadas partes respondieron tratando de cerrarse, apretando con fuerza al pequeño invasor, pero era inútil. Nada podría evitar el abuso al que mi intimidad estaba siendo sometida.

“..D..dios…” Alcance a decir, respirando agitadamente. Me sentía en el paraíso. Con cada contacto mi clítoris reaccionaba en paralelo, acercándome vigorosamente a una explosión orgásmica.

Pero de repente se detuvo, y me dijo al oído:

“Nena.. quiero meter mi.. pene… en tu boca…”

Sin decir palabra me pasé nuevamente al asiento del conductor. Michael me veía con ansiedad, sin perder detalle. Con dificultad, dado lo reducido del espacio, me arrodille sobre el asiento del carro y con una actitud sensual me incline hacia él. No me detuve sino hasta que mi cara quedo justo arriba de su entrepierna, a pocos centímetros.

Sonreí sensualmente y usando uno de mis dedos peiné una última vez mi cabello, que se había deslizado inoportunamente sobre mi rostro. Entonces con mi mano libre agarre la tela de mi falda y la jale hacia arriba, asegurándome de que mi culo quedara completamente a la vista de mi joven amante. Casi instantáneamente la erección debajo de su pantalón se hizo aun mas evidente.

“Dime Michael… ¿Qué te gustaría que hiciera?” Le dije usando un tono de voz deliciosamente atrevido.

“..Q..quiero que… meta mi verga…en su boca, Maestra…” Dijo, mordiéndose los labios.

Incline mi cabeza ligeramente a un lado, y lo mire a los ojos. Mis manos se acercaron a su pantalón, y con seguridad baje su zipper. Su verga salió de golpe, liberada por fin de su prisión, y me quede asombrada.

Era un animal magnifico. No podía creer que Michael tuviera semejante instrumento. No era tan larga, aunque si dolorosamente gruesa. Admire con lujuria sus venas, gruesas y llenas de sangre, las cuales palpitaban con excitación. Mordí mis labios, admirando la enorme cabeza morada, que parecía apuntar directamente a mi boca como si conociera su destino.

Michael no decía ni una palabra, esperando con ansias mi reacción. Sonreí coquetamente, mirándolo a los ojos. Baje un poco mas mi cara hasta que lentamente mis labios tocaron su verga, y entonces sople suavemente mi aliento en la punta. Michael cerró los ojos y se puso increíblemente tenso, y justo entonces aproveche para abrir la boca lo mas que pude y comenzar a tragarme su poderoso falo.

Gimiendo tiernamente fui bajando lentamente hasta que tuve casi 8 cms adentro. Apreté mis labios con fuerza. Podía sentir su verga llenando casi por completo mi boca, empujando agresivamente contra mi garganta. Sus venas palpitaban en mi interior, inundadas de pasión. Respire profundamente, y comencé a mover mi cabeza lentamente de arriba hacia abajo.

“Mfmf..mfmf…mmf” Gemí suavemente.

“A…así…M..Maestra….Alina…” Alcanzo a decir Michael, con voz entrecortada y respirando agitadamente.

Al oír eso obedecí a mi tierna víctima y moví la cabeza más rápido. Con desesperación, mi boca succionaba el enorme falo como si mi vida dependiera de esto. Sentía oleadas de lujuria recorriendo todo mi cuerpo, y con cada mamada que daba, volvía a sentirme viva, como hacia mucho no sucedía.

Pensé acerca de lo que estaba haciendo. Yo sabia que no era correcto. Ni ético. Pero en ese momento, poco me importaba. Lo único que existía para mi, era esa magnifica verga clavada en mi boca. Y nada mas.

“Mmfmfm…mmfmfm…” Gemí, apretando aun mas mi boca, lo cual hizo que un poco de Michael casi se desmaye.

El reacciono inmediatamente y coloco sus manos en mi cabeza, empujándola con firmeza hacia abajo. Trate de resistir pero sabía que era inútil. El no descansaría hasta que yo me hubiera tragado por completo su miembro.

Gotas de sudor comenzaron a resbalar por mi rostro. El calor adentro del carro era asfixiante. Yo estaba engolosinada, y mamaba con fuerza el jugoso dulce que el destino había puesto frente a mi. Chupaba la verga de Michael tan intensamente, que algo de semen comenzó a escurrir de ella, lo cual no tarde en notar. Mi lengua entonces se dedico a moverse en círculos alrededor de la punta, saboreando el delicioso liquido.

Después de unos cuantos minutos así, donde me asegure de darle la mejor mamada que hubiera recibido en su corta vida, Michael comenzó a jadear. Supe que estaba a punto de tener un orgasmo, y sin darme tiempo a reaccionar, sujeto con sus manos mi cabeza, impidiendo que pudiera moverla.

Gemí tiernamente, a modo de queja, al ser tratada tan bruscamente. Pero sin poder hacer nada al respecto, sentí como mi boca comenzaba a llenarse de un liquido espeso y caliente. Trate de apartarme, pero fue inútil. Michael mantenía aprisionada mi cabeza con sus manos.

No había opción. Si no quería ahogarme, tendría que tragarme lo mas rápidamente posible su leche.

Entonces mi hambrienta boca comenzó a tragar apresuradamente la inmensa carga de semen que caía en ella. El sabor era deliciosamente salado. Mi lengua se retorcía en éxtasis en el espeso liquido, mientras mis mejillas se hundían por la poderosa succión que estaba aplicando.

Perdí el sentido del tiempo. Durante unos segundos que me parecieron horas su verga continuo arrojando furiosos chorros de semen dentro de mi, y yo me dedique a tragar a un ritmo frenético. Cerré los ojos y me aferre con todas mis fuerzas a ese miembro que me alimentaba.

Naturalmente, Michael comenzó a debilitarse y poco a poco su verga fue perdiendo firmeza. Lentamente subí mi cabeza hasta que por fin su miembro estuvo fuera de mi boca.

“¿Te gustó esto, Michael?” Pregunte, inclinando ligeramente mi rostro a un lado, en una actitud retadora.

“….s…si..” Contesto débilmente, limpiándose el sudor de la cara.

“¿Tienes condones?” Pregunte, obviamente aun insatisfecha. Mi cuerpo pedía mas.

El saco con apuros su cartera, y la abrió frente a mi. Nada. Ni un condón.

“No es posible.. “ Dije, haciendo una mueca coqueta. “¿Qué hacemos ahora?

“..P..pero.. hay otras formas, Maestra..” Dijo él, genuinamente apenado.. y excitado. Tímidamente, volteo a ver mis nalgas, que se erguían firmes por debajo de mi falda que a estas alturas no cubría casi nada.

“O sea que… ¿ Quieres meterle la verga a tu maestra por el culo?”Dije, con una actitud incrédula, pero juguetona.

“….Si.. nena…” Contesto el, mordiéndose los labios.

Me sentí sumamente excitada al oír eso. La idea de que Michael estuviera en unos segundos mas penetrando mi culo me calentó muchísimo. Abrí un poco la boca y recorrí mis labios con la punta de la lengua, enviando un claro mensaje a mi joven amante.

Con mucha agilidad, como si leyera mi pensamiento, Michael apretó el botón que abría la capota. Esta comenzó a replegarse hacia atrás, mientras yo usaba mis dedos para jugar con mi cabello. Conforme se replegaba el techo, los rayos del sol fueron entrando sin piedad al interior del carro. Me quede deslumbrada por unos segundos.

Sin poder ver bien aún salí del carro y camine sensualmente hasta la parte trasera del mismo. Entonces coloque mis manos sobre la “cajuela” y con un gesto increíblemente sexy me incline hacia delante, sin doblar las rodillas y arqueando la espalda.

Voltee a ver de reojo a Michael y vi que estaba con la boca abierta, pasmado. Sonreí ante los efectos que esta pose estaba teniendo en mi joven víctima y para hacer aun más intensa la situación agarre mi falda y la subí de nuevo hacia mi cintura.

Entonces mis nalgas quedaron a la vista, paraditas, listas para recibir su premio.

“M..maestra Alina.. wow…” Dijo Michael.

Me reí un poco al ver su reacción, y le dije:

“Ven, tigre.. quiero que me domes..”

Michael entendió el mensaje, y corriendo se coloco detrás de mí, pero sin atreverse a nada más. Voltee a verlo y con una sonrisa le di ánimos. El, ya envalentonado, con torpeza deslizo los dedos debajo del elástico de mi tanga y procedió a bajarla hasta mis rodillas.

Voltee a verlo de nuevo y note que su verga nuevamente estaba erguida, apuntando hacia mi pequeño orificio, con algo de semen escurriendo de la punta y cubierta aun de mi saliva. Instintivamente, pare las nalgas lo mas que pude. Las señales que le enviaba mi cuerpo no podían ser mas obvias.

“M..maestra Alina…¿No haría falta… lubricante o algo?” Pregunto de repente.

“Hm… usa la saliva.” Respondí con pena. “Cuando veas que.. en fin. Escupe.. ¿Va?”

Michael se rio un poco y asintió con la cabeza. El mensaje era claro.

Yo ya estaba lista para ser follada, pero Michael estaba hipnotizado y no hacía nada. Enfrente tenía el culo mas delicioso que hubiera visto en su vida, pero en vez de atacar de una vez, estaba feliz apretándome las nalgas y jugando con ellas.

Gemí tiernamente, a modo de reproche. Yo quería verga, y la quería ya. Michael rápidamente entendió mi apuro, y con su mano derecha agarro su miembro y fue guiando la gruesa cabeza morada entre mis nalgas. Juguetonamente, comenzó a frotar la punta de su miembro en círculos alrededor de mi pequeño ano pero sin penetrar, mas bien tentándome con malicia.

Al sentir esto no pude evitar tensar mi cuerpo. Era delicioso sentir como algo duro y caliente se apretaba contra mi pequeño orificio. Cerré los ojos, abriendo un poco la boca.

“…D..despacio, Michael… métela.. muy despacio..” Dije, en tono suplicante.

El no respondió. Comenzó a empujar su verga hacia delante mientras mi ano trataba a como diera lugar de impedirle el paso. Yo trataba de relajarme pero era inútil. Mi culo no permitiría tan fácilmente ser invadido.

Finalmente, después de unos cuantos intentos vigorosos mi cuerpo cedió. Abrí los ojos en actitud de sorpresa, sintiendo entonces como algo muy caliente comenzaba a hacerse paso en mi interior, deslizándose centímetro a centímetro dentro de mí.

“..¡Ahhhh…mmmmm! “ Gemí, instintivamente apretando las nalgas. La sensación era exquisita. Podía sentir como lentamente mi recto se iba llenando de verga. Esboce una ligera sonrisa, y puse mis manos en mis nalgas, abriéndolas de par en par con una actitud de esclava.

Michael seguía sin decir nada. Solo lo oía respirar agitadamente. Yo sabia que el no se detendría hasta que toda su verga estuviera firmemente clavada en mi. Con cuidado, recargue mi cabeza en la lámina del carro, jadeando tiernamente. El miembro de Michael entraba hasta lo mas profundo de mi ser, sin detenerse ni un instante. La presión en mi interior era tremenda.

Justo cuando yo estaba a punto de gritar, sintiendo como mi culo llegaba a su límite de resistencia, Michael se detuvo. De alguna forma había logrado meterme por completo la verga. Respire alivada, sintiendo su cuerpo presionando con fuerza mis nalgas.

“….¿Estas…feliz ahora, Michael..? “ Dije con dificultad, mientras movía mis caderas lentamente de atrás para adelante.

“…S…si… Maestra…” Respondió con angustia, haciendo un gran esfuerzo en no venirse aun.

Mi ano pulsaba una y otra vez, tratando inútilmente de cerrarse. Con una actitud rebelde, mi cuerpo trataba insistentemente de expulsar al temerario invasor, pero era una batalla perdida. Con dificultad sonreí, mientras con mi mano libre limpie el sudor de mi frente.

De repente, Michael coloco sus manos en mis caderas y comenzó a mover su cuerpo de atrás para adelante, y no pude evitar saltar un poquito.

“Uf…a…así..Michael….que rico..” Dije entre quejiditos.

Sus movimientos, que al principio eran delicados, no tardaron en dar paso a lo que el realmente quería, que era montarme de forma rápida y agresiva. Sus caderas comenzaron a moverse vigorosamente contra mi culo, y mis pobres nalgas rebotaban violentamente con cada una de sus embestidas. Con apuros coloque mis manos en la fría lámina del carro para sujetarme.

“Te estas cogiendo a tu maestra por el culo.. Michael..” Dije con picardía.

“Ah Maestra Alina…n..no diga eso.. me va a hacer.. venirme..” Respondió con angustia.

Me reí un poco con esa respuesta.

Gemí como niña una y otra vez, fascinada con la situación. Mi ano respondía enérgicamente a cada acometida del miembro de Michael, apretándose tanto como fuera posible para evitar que entrara tan libremente. Incline mi cabeza hacia un lado, respirando agitadamente sintiendo que estaba a punto de desmayarme.

Era exquisito. El dolor en mi ano y el sentir una poderosa anaconda golpeándome los intestinos por dentro me tenían en un estado francamente primitivo. Pero quería un orgasmo ya.

Entonces, con dificultad deslice una mano por debajo de mi hasta alcanzar mi coño. Comencé a frotar los pliegues de piel que rodean a mi clítoris de atrás para delante, sintiendo inmediatamente una descarga de electricidad por todo mi cuerpo.

Me reí suavemente, olvidándome por un segundo de la situación, mientras mis dedos aceleraban su ritmo, estimulando hábilmente mi pequeño punto de placer.

La adrenalina se disparo por mi cuerpo…

Estaba cerca de venirme. Todo mi cuerpo lo pedía a gritos, y por los gemidos de Michael, sabia que el también estaba a punto. Instintivamente, comencé a mover mis caderas en círculos, tratando de estimular más agresivamente su miembro. De la misma forma, mis dedos apuraron su marcha, dándole palmaditas rápidas a mi delicado clítoris.

“…M…maestra……¿Dónde… quiere que…..”Trato de decir Michael, apenas pudiendo hablar debido al esfuerzo.

“…A..adentro…en el culo, Michael…” Conteste, mordiéndome los labios.

Al parecer la forma en que dije eso causó una reacción en Michael, puesto que súbitamente apretó sus caderas violentamente contra mí, y comenzó a venirse.

“…Mmmgggmm….” Gruñó mientras su verga comenzaba a escupir violentos chorros de semen dentro de mi culo.

Arquee la espalda de forma sensual, apretando todos los músculos de mi cuerpo. Me ardía el ano de una forma deliciosa, y el sentir como me iban llenando de lecha me tenía en éxtasis.

De repente los esfuerzos de mis dedos surtieron efecto y comencé a venirme con increíble fuerza, como nunca antes en mi vida.

“AAHHHHHHH….MMMMmmmm…Ay….MMMMMMMMM…” Gemí retorciéndome de placer.

Cerré los ojos, casi a punto de desmayarme mientras mi clítoris ardía de emoción. Intensas ráfagas orgásmicas recorrían mi cuerpo de pies a cabeza, y era tan intensa la sensación que me olvide por completo de la verga en mi culo.

“Oh Dios.. oh Dios…” Respetia una y otra vez, con las piernas temblorosas por el esfuerzo. Mi clítoris quemaba.

Sentí un calor asfixiante a mi alrededor, y mi cuerpo en respuesta quedo cubierto por una capa de riquísimo sudor. Temblorosa, recargue el rostro entre mis brazos, incapaz de hacer más. Con una deliciosa lentitud mi orgasmo fue desapareciendo y finalmente pude volver a la realidad.

Justo a tiempo para sentir como Michael sacaba su miembro de mi culo, y mi ano, demasiado castigado, se cerraba lentamente. Salte un poquito al sentir como un pequeño río blanco de semen se deslizaba fuera de él.

Nos quedamos quietos por unos minutos. Ni Michael ni yo teníamos energía para decir o hacer algo. Yo inclinada sobre el carro, dándole las nalgas. El detrás de mí, sujetándome de las caderas.

Finalmente Michael guardó su miembro dentro de sus pantalones y se sentó en la cajuela mientras me miraba complacido.

“Maestra Alina, yo…” Trato de decir.

“Shhh… no digas nada, Michael.” Le respondí con coquetería. Con un gesto sensual me agache por mi tanga y lentamente la volví a subir a su lugar. Hice lo mismo con mi falda, y después arregle mi blusa. Entonces camine de vuelta a mi lugar y me senté en el asiento del conductor. Apreté con firmeza el volante mientras Michael se metía también de vuelta al carro.

“… Nena.. te amo.”

“Michael, nadie debe saber lo que sucedió aquí…” Dije con una voz seria.

“..Si…Maestra Alina… nadie sabrá nada.. “ Respondió con sinceridad.

“… Y… es posible que si respetas tu parte del trato, repitamos esto muchas veces.. ¿Va?”

Michael puso una inmensa expresión de felicidad al oír esto.

Le sonreí tiernamente, y a modo de prueba de lo que acababa de decir agarre el borde de mi falda y la subí nuevamente, dejando descaradamente al descubierto mi tanga. Como esperaba, los ojos de mi joven amante instantáneamente se posaron entre mis piernas.

“Disfruta la vista….” Dije con una risita, y con eso encendí el carro y nos dirigimos de vuelta a la ciudad.

Durante los siguientes meses volví a tener varios encuentros con Michael.

Pero eso….

…Ya es otra historia.

 

PA

PUES AHI QUEDA OTRA HISTORIA A VER QUE TAL LES PARECIO, OPINEN RECUERDEN QUE SON USTEDES QUIENES ME HACEN ESCRIBIR.

HAA Y RECUERDEN USEN SU IMAGINACION.

POR CIERTO RECUERDEN VISITAR HTTP://WWW.BA-K.COM ES UNA PAGINA MUY CHIDA.


Opinion de Jvan24

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20 comentarios to “Seduciendo a mi alumno…”

  1. anastacia jajaja Says:

    te la meto

  2. los felicito por esta historia que es muy real y super super herotica y cachonda, mil felicidades y ojala publiquen mas….

  3. oie pues se me hace muy chida k se lo hagas a tu alumno pero pues kisiera k fueras mi maestra jajaj ok adios se me antojo u culo y tus tetas adios

  4. es muy chido que se lo aga a su alumno quisiera poder estar en un farrari con esa maestra

  5. (sic) The Legend Says:

    genial men te doy 10

  6. sos la mejor yo quisiera con tigo

  7. quisiera con tigo un ay otra ves maestrra

  8. la vdd c m hizo 1 poco viajado
    no m exitó nada
    y no s xq no sea kpaz d sentir…

  9. FerAG200xx Says:

    que mierdaaa. talvez tener relaciones con alumnos y maestras es algo indebido. yo amo a mi maestra, pero NO AL GRADO DEL SEXO, yo me enamore de su voz y luego de su fìsico. pero el relato fue muy bueno(creo)

  10. ees muy real la historia y algo parecida a la de otro foro en internet publiquen un video

  11. jajaja, joder! no mamez aun me cuezta creer q no ez veridica

    y la neta no me guztabam ezte tipo d zitioz hazta q un amigo me lo recomendor…. JODER! deveriaz dedicarte a ezto ezcribe un libro o algo………… la neta erez un artizta

  12. estas bienbuena comome gustaria ser yo el alucno

  13. q buena historia quisiera ser el alumno de esa maestra

  14. Exelente relato (Realidad+ficccion=realidad mejorada)
    ghost dijo:
    la vdd c m hizo 1 poco viajado
    no m exitó nada
    y no s xq no sea kpaz d sentir…
    la maestra tiene 25 añitos (terrible minon)
    por mas volado que sea el relato si no te exito ¡¡ya mismo anda al medico
    porque tenes problemas!!, si veias a mi profe de ingles que la encontrabas en los boliches, porque era una “NENA” como esta de 25 añitos, terminabas en el telo cojiendo como un conejo, pero vos no no te exitan las maestras de 25 añitos ( No seras gay? fijate bien La mayoria le gusto y les provoco de seguro ganas)Exelente relato.

  15. esta historia es muy herotica y esta linda

  16. percy grovas Says:

    ola amixx realmente muy chvr tu historia, muy erotica, como no fui yo tu alumno….

    graxx x tremendo aporte

    percy

  17. no maaaa que buena historia no cabe duda quela imaginaciones muy fuerte jaaja muy buena pag

  18. !!pero ke maestra tan buena… Siempre kise tener una maestra ke me enseñe y nunca lo consegui sera que usted me pueda enseñar

  19. Divinoooo….

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