La clase de Biología estaba en su curso…
En el pizarrón veíamos los compuestos carbónicos, pero a mi no me importaba. En mi mente solo estaba la imagen del culo de Megan abierto de par en par. Esas nalgas firmes y deliciosas, que en los últimos días habían recibido a mi miembro en incontables ocasiones…
Me cubrí la cara con las manos, desesperado por que la clase se acabara. Simplemente, no podía concentrarme en nada. Ansiaba más que nunca estar junto a mi Megan, haciéndole las cosas más pervertidas del mundo.
De repente mi maestra, la señorita Antonia Lavoisier, se dirigió a mí y pregunto:
“A ver, Mateo, si quisiéramos Isomerizar un compuesto orgánico de orden 3 en un phenyl.. “
“…debemos usar una base y de allí oxidar” Respondí con algo de soberbia. Sabía que era el mejor de la clase, y por mucho. El resto de mis compañeros me miro con una envidia no muy bien disimulada.
Mi maestra, una francesa de caderas anchas y culo prominente, se acomodo las gafas y no pudo ocultar una sonrisita que interprete como netamente sexual. Aun detrás de ellas no podía ocultar sus ojos verdes, que hablaban de una calentura voraz.
Sin dudas yo era su alumno favorito, y los coqueteos que me daba últimamente eran cada vez más directos. Pero a pesar de eso, en mi mente solo había una chica posible…
Megan.
Y francamente, comparada con ella mi maestra no tenia oportunidad. Megan era perfecta. Piernas largas y poderosas, nalgas paraditas, cinturita de avista, pechos redondos aunque no muy grandes, y finalmente..
Un rostro perfecto, enmarcado por su largo cabello negro. Y unos ojos verdes felinos, que te hipnotizaban al mirarlos..
Seguí perdido en mis pensamientos durante un rato mas, y así la clase pareció durar un suspiro. Y cuando termino salí corriendo con mi maletín de cuero bajo el brazo y en cuestión de media hora ya estaba en casa. Entre corriendo hasta mi recamara, y lo primero que hice fue prender mi computadora, “Rina”.
Con desesperación teclee un par de códigos y las pantallas pasaron rápidamente a una barra de progreso, el color rojo subía como sangre en una copa y rápidamente llego al 100%
“Así, Megan ven con papi…” Dije con sadismo en la voz.
El frio monitor fue volviendo a la vida y una imagen fue volviéndose cada vez más nítida…
En la pantalla apareció Megan, acostada boca abajo en su cama y sin nada mas encima que un par de tenis blancos. Estaba arqueando su cuerpo con una actitud sumamente sexual, dejando su culo delicioso completamente expuesto a su único espectador, yo. Y sus dedos frotaban con desesperación su coñito, entrando y saliendo de su tierno agujerito mientras mi esclava ponía unas caras de angustia exquisitas.
Sonreí con una mezcla de lujuria y arrogancia..
Megan era tan estúpida que creía que tenia las cosas bajo control, pero nunca se percato que este “Nerd” era mucho más inteligente de lo que parecía. Ella seguramente creía que solo la espiábamos por la ventana o por el poste o la valla de su casa.
Craso error…
Pues por las noches había infestado de cámaras de seguridad su recamara, a control remoto y de larga vida larga. Un producto digno de los 50 dólares que me había costado en Mercadolibre. Horas y horas de video estaban almacenados en el disco duro de mi computadora..
Megan bañándose. Megan durmiendo. Megan viendo la tele.
Megan masturbándose…
Volví a ver el monitor y pude ver como la línea del bronceado surcaba aquellas nalgas que me volvían loco y terminaba en su ano, una visión que era como ver el cielo a través de un telescopio, una belleza guardada para solo algunos pocos.
Mi esclava tenía los ojos entreabiertos, con la mirada perdida mientras se retorcía en la cama de placer. Subí un poco el volumen de la computadora y en respuesta las bocinas comenzaron a sonar con unos tenues jadeos y quejiditos, lentos y secuenciales, familiares a mis oídos y a mi miembro.
Sus manos se movían cada vez mas rápidamente, frotando aquel clítoris dulce y seguramente duro con esquizofrenia. Esto era algo que ningún hombre podría ver sin tener alguna reacción, obviamente, y mi verga salió de su prisión hasta quedar completamente erguida.
La tome con la mano al tiempo que Megan abría los ojos hacia la cámara, como si supiera que alguien la miraba en ese momento. Sus ojos verdes le daban una apariencia aun mas deliciosa, y ese ligero toque de sudor en su frente la había ver aun mas sexual.
“Eres una Gata sucia Megan…” Dije en voz alta mientras con desesperación agitaba mi miembro.
Y ella parecía responder a mis calenturas, ya que apretó vigorosamente su mano derecha entre sus nalgas y vi como con sus dedos ahora acribillaba agresivamente su culo, un pálido sustituto al gran falo que yo tenía para ella, pero que en este momento le tendría que bastar.
Me acerque lo mas que pude al monitor, tratando de apreciar cada detalle. Ver ese culo y sus firmes piernas me estaba volviendo loco. Megan era mía, de nadie más. La mujer más popular y hermosa del colegio, y sin duda la más puta y sumisa que haya tenido.
Aun cuando podía tener su cuerpo en el momento que yo quisiera, amaba seguir viendo las grabaciones de las cámaras que instale en su casa. Me recordaba el inicio de mi plan para controlarla por completo.
Los gemidos de Megan eran cada vez más intensos, en sinfonía con el entrar y salir de sus dedos en aquella colita parada. Ahora no podía ver su cara, pero ese culo era hipnótico. Y eso fue la gota que derramo el vaso, porque de repente mi “arma” se disparo.
El monitor quedo con una mancha en el.
“Me lleva la chingada” Dije molesto al tiempo que tomaba un Kleenex y lo limpiaba. No era la primera vez que algo así me sucedía, pero el ver a Megan en acción siempre le ganaba a mi voluntad. Con apuros guarde a mi amigo en mis pantalones y me dispuse a seguir con mis “Malévolos Planes”.
En el monitor la figura de Megan yacía rendida en la cama, respirando de forma agitada.
“¿No puedes pasar ni un día sin tocarte, Princesita?“ Dije mientras mis dedos se deslizaban por el delicioso contorno de mi esclava. Pero obviamente la ninfomanía de Megan no era algo que me disgustara.
Sonreí complacido, ya que tenía algo muy especial preparado para Megan. Hoy entraría en acción la parte 2 de mi Plan.
En la primera fase había logrado dominarla y hasta quitarle la virginidad, y la princesita se había rebelado pero finalmente había aceptado su papel de esclava.
Pero eso era un juego de niños comparado con lo que le haría hacer en la segunda.
No pude evitar sonreír un poco ante la maldad de lo que tenía en mente.
Apague el monitor y a toda prisa salí de mi casa para visitar a mi amigo Fred Bukowsky, parte esencial del plan. Vivía a unas pocas cuadras, pero sorprendentemente decidir ir corriendo, uno de los productos del efecto Megan, pues desde que me la follaba me sentía con mucha más energía, más vivo y perfecto.
Fui avanzando por varias cuadras de casitas anónimas, hasta que finalmente llegue a una caseta de seguridad flanqueada por unos gigantescos muros de piedra. Como el guardia ya me conocía me dejo pasar sin problemas, y seguí corriendo unos cuantos metros más por un sendero boscoso hasta que después de una curva quede de frente a una imponente mansión de estilo europeo, completamente blanca.
No era muy fanático de la arquitectura, pero la casa de Bukowsky era francamente impresionante. Era un edificio enorme, de 4 niveles y un estilo neoclásico ultra elegante. Los fastuosos jardines y múltiples carros de lujo completaban la escena, y casi se podía respirar el poder en el lugar.
Me acerque jadeando a la imponente puerta de madera antigua del frente, y casi inmediatamente una cámara de seguridad volteo a verme.
“¿Eres tu Mac?” Sonó una voz familiar por el interfón.
Voltee a ver la cámara y con una sonrisa malvada le pinte mi dedo medio en respuesta. Mac era la forma en que Bukowsky me llamaba, Mateo mas la primera inicial de mi apellido.
“Oh, claro que eres tú, jaja, pasa…”
La puerta de la casa Bukowsky se abrió y sus entrañas de muebles de ébano, cristales cortados y aroma a limpio me pasmaron, mientras por las escaleras circulares los pasos de Bukowsky bajaban acelerados.
“Ufff. Hola Mac, te tengo buenas noticias, sígueme..” Dijo jadeando apenas llego, pero sin ocultar una enorme sonrisa.
“Si, vamos..” Dije mientras nos poníamos en marcha al invernadero de la mama de Bukowsky, que estaba en el jardín trasero de la mansión.
Bukowsky, como su nombre lo decía, tenía sangre extranjera en las venas. Como yo, desde edad temprana se le consideraba un dotado, hecho por el cual sus padres decidieron ponerlo en el proyecto especial del colegio donde atendíamos para desarrollar sus habilidades.
Su padre solía ir mucho a verlo y el señor parecía una especie de vaquero albino de ojos azulados, el espectro de algún muerto del lejano oeste, mientras que Bukowsky junior era una foto de él, solo que más joven y con camisas de lino en lugar de chaquetas de cuero. Solo los jeans se quedaban en su lugar.
“Oye Mac, por nanosegundos pensé que no vendrías, pero después algo me dijo que no podía ser así, mas porque tu plan necesita de mis instrumentos, jeje..”
“Tu sabes que es así…” Dije dándole un ligero golpecito en la cabeza, a lo cual él respondió con una actitud como de boxeador, desafiándome.
Caminamos durante un largo rato a través del enorme monstruo al que él llamaba casa, por mil puertas y corredores hasta que finalmente llegamos al jardín y el sol volvió a pegarnos. Ya con mas prisa atravesamos el verde pasto hasta que llegamos al vivero Bukowsky, famoso en la ciudad por sus plantas exquisitas, otro de los orgullos de los padres de Fred.
El calor abrasador rugió por la puerta a nuestra entrada, y en minutos el sudor nos corría por el rostro mientras caminábamos.
Cruzamos el sendero de piedra y de repente Bukowsky dio vuelta a la derecha, internándose entre las plantas. Lo seguí y así llegamos a un lugar oculto entre buganvilias de enredadera en troncos secos. Fred se hinco en la maleza y levanto una hoja verde de pétalos bulbosos, y mi cerebro hiperactivo reconoció los patrones de la planta…
..Oval, bilobulada y trilobulada.
La felicidad me embargo , el hijo de puta de Bukowsky la había conseguido..
“Sassafras Albidum…” Dijo Bukowsky en tono triunfante cortando una de las hojas y acercándomela a las manos, el olor tierno y afrutadamente cítrico de la savia era perceptible hasta mi lengua.
“No pensé que lo conseguirías, Fred.. estoy francamente impresionado.” Dije oliendo de nuevo la planta.
“¿Pero te has atrevido a desconfiar del gran y poderoso Fred Bukowsky, mortal?” Respondió dándome un juguetón empujón. “Pero eso sí, tu sabes que mi pago es ver a Megan y las chicas haciendo….”
“La veras, amigo mío, la veras…” Dije mientras guardaba la planta en un pequeño recipiente de plástico. “Esta noche nuestro plan se hará realidad, y de qué forma..”
Nos quedamos ahí riéndonos como tontos un rato. Luego fuimos hasta el laboratorio de Fred y durante toda la tarde nos pusimos a preparar un extracto con la planta, que finalmente colocamos en un perfume de mujer.
Si, pensé complacido al ver el delicado frasquito. Megan no sabía lo que le esperaba.
Al otro día desperté emocionado ante la idea de que sucedería en la noche. Y debido a eso había decidido vestirme un poco mejor de lo usual y hasta le había pedido una camisa italiana a Bukowsky, de cuadros negros y blancos por todo el cuerpo ceñida a mi torso delgado.
Luego me alborote el cabello y me puse mis anteojos, y entonces salí de la casa con el pequeño frasquito de perfume en el bolsillo de la camisa y me dirigí a casa de Megan. Le había dado un día de descanso, algo así como “soltarle la correa”, y seguramente ahorita estaría tan soberbia y grosera como siempre.
Soné el timbre de la puerta y al cabo de unas campanadas me abrió su mama.
“Hola señora, que tal..” Salude cortésmente.
“Muy bien Mateo, ¡Que elegante vienes hoy!” Dijo la Mama de Megan mirándome de pies a cabeza.
“Oh muchas gracias.. eh ¿Esta Megan?” Dije fingiendo un tono apresurado y tartamudeando un poco para entonar la ilusión.
“Atrás en la piscina, pasa..”
Camine un poco sin poner atención a su casa de clase media alta, perfectamente igual a la mía, hasta que al llegar a la piscina vi que ahí estaba Megan, sentada en uno de los camastros, untándose aceite en aquella piel bronceada.
Siempre me pareció adicta al cáncer de piel, pero ahora eso era lo que menos me importaba. Mi esclava tenia puesto su delicioso bikini negro, y su senos se movían con singular alegría mientras untaba aceite en su abdomen. Aproveche la ocasión para llegar por sorpresa…
“¿Adivina quién es?” Dije en tono infantil cubriéndole los ojos.
“Ashhh claroo que Mateo, esas manos torpes no pueden ser de otra persona, además puedo reconocer tu voz a kilómetros, chillona y sin carácter..” Respondió enchuecando la boca.
Me llene de rabia. ¿Quien se creía esa perra que era? Hace una noche que no le metía el pito en el culo ¿Y se volvía contra mí? Pero aun no era momento de mostrarme, de enseñarle todo lo que podía llegar a hacer.
Bajo la premisa de actuar conforme al plan me contuve, quite mis manos de su rostro y me senté con cara mustia, mis brazos entre mis piernas, con timidez artificial adquirida a lo largo de los años. Megan como si fuera un perrito entrenado respondió de una manera más insultante
“Que haces aquí??? Tan temprano??, además en mi casa ya empiezan a sospechar que…”
“..Somos novios?” Conteste apresuradamente.
“SI, eso, los rumores ya suenan y no me gustaría que mis padres tuvieran una mala imagen…”
“Tienes razón , no es bueno que circulen, lo que deberían de circular son tus habilidades para posar desnuda en internet, ¿Y que tal chupando verga? Esos labios ricos y dulces se verán perfectos en algún sitio de cheerleaders calidad blue ray ¿No crees?”
Megan se quedo con la palabra en la boca, puso el aceite de un lado y a través de sus lentas oscuros vi algo parecido a una lagrima.
“¿Y no hay ni un besito para mi… princesa?”
Megan torció la boca al verme arquear la ceja y sonreír maliciosamente, entonces se acerco y me dio un beso en la mejilla para después retomar su lugar en el camastro.
La mire extrañado, dándole unos segundos para que entendiera su error, pero como buena estúpida que es no lo hizo, así que me recline un poco y mi mano se asió con fuerza de la parte interna de uno de los muslos, a un centímetro de su coño.
“¡Sueltameeeeeee me lasti.. ¡” La frase quedo incompleta, ya que me recline en el camastro y le di un beso agresivo, metiéndole la lengua hasta el fondo. Al principio la lengua se Megan trato de rebelarse, pero después fue cediendo poco a poco el control.
“¿Te gusta.. Fresita?” Le dije entre jadeos, mientras mi mano trepaba mas y mas por su muslo, hasta quedar apretada contra su sexo.
“S.si..” Respondió gimiendo. Era obvio que a Megan le gustaba sufrir un poco, estar bajo mi control y sentirse usada. Después de todo era mía y de nadie más. Le volví a meter la lengua hasta el fondo, y pude sentir como su respiración salía con fuerza por su nariz al degustarla.
Y mi mano trepo como un animal hasta hacer a un lado su bikini y toque su clítoris con mi índice, para luego frotarlo rápidamente. El cuerpo de Megan brinco de la reacción y enseguida comenzó a humedecerse en mis manos.
“Cuando te pida un beso fresita, quiero obediencia TOTAL, ¿Esta claro?” Le dije separando un poco mi boca de la suya. Megan por su parte aun tenía los ojos cerrados y su cara estaba pasmada en un gesto de placer contenido, ya que después de todo mi “suegra” aun estaba en la cocina.
“Si.. si q..quedo claro…” Dijo sonrojándose, y su respiración se acelero visiblemente. Moví mi dedo aun más agresivamente contra el duro y el pequeño botón de su clítoris, que se endureció de forma alarmante. Sus pezones siguieron a su maestro y el olor delicioso de su vagina me llego al paladar.
“Le falta algo a tu frase, Princesa…”
“Si.. quedo claro .. Papi..”
“Así me gusta…” Respondí complacido. Acto seguido me senté al lado de ella y le tomo unos minutos recuperar la compostura, ya que el veneno que le había inyectado mi dedo se negaba a dejar su sistema. Era obvio que Megan disfrutaba siendo mi gatita.
Me quede allí esperando a que abriera sus ojos, y me percate de como poco a poco regresaba la Megan altanera y grosera.
“Aun no me contestas que haces aquí..” Dijo con su clásico desdén.
Sonreí y metí la mano en el bolsillo al tiempo que me acomodaba los lentes, entonces saque el frasquito con el liquido amarillento y espeso, lo ladee un poco y dio la sensación de ser miel sobre agua.
“Como has sido una novia muy linda te hare dos regalos..” Dije al tiempo que ponía mis dos dedos centrales frente a su cara.
“Mientras no sean tus muñecos de Star Wars o algo así está bien..”
La volví a mirar con rabia pero me contuve una vez más. Le puse le vial en la mano y le dije:
“Ten, este es un perfume que hice con mi amigo en química, espero te guste, es espeso y una gota te puede durar días enteros.”
Megan me hecho una mirada como quien ve un animal muerto y con esa misma actitud se acerco el vial a la cara, intentando percibir algún olor rancio.
“Anda destápalo” La invite.
Ella llevo sus manos y jalo del corcho, e inmediatamente el aroma intenso de cítricos apelmazados voló por el aire. Un aroma fino y delicado, entre flores de jazmín, lima y limón. Energizante y delicioso, sin duda una buena elección para una jovencita.
Los ojos de Megan se abrieron como platos, le había gustado y no podía disimularlo. Como una niña se puso un poco en el cuello, cerca de la yugular, sin duda toda una dama que sabía las reglas de ponerse perfume. La sonrisa en su rostro delataba una genuina felicidad.
“Wow, gracias Mateo, no esperaba esto..”
“Yo tampoco esperaba que fueras tan adicta al semen Meg.., creo que ambos encontraremos más sorpresas a futuro, además es solo el primero de los regalos princesa, guarda un poco de emoción para lo que viene…”
“¿Cual es el segundo?” Repuso, haciendo alarde de autocontrol ante mi comentario.
“Una fiesta.” Le dije mientras sacaba de detrás de mi pantalón un paquete con invitaciones perfumadas, 40 para ser exactos. Meg solamente se me quedo mirando con cara de incredulidad, y casi pude leer en su mente que a lo mejor mi idea de fiesta eran videojuegos, anime y frituras.
“No es lo que tú piensas.” Agregue poniéndole las invitaciones en sus muslos perfectos. “¿Conoces a mi amigo Bukowsky…?”
“¿El loco con muchísimo dinero?”
“Excéntrico, Meg.. Cuando tienen dinero como para hacer que tu mama se vuelva una puta, se les llama excéntricos y créeme que el si lo tiene; espero te haya quedado claro linda.” Sonreí recalcando su estupidez, aunque sin querer había dejado que es aparte de mi se mostrara, como aquella no muy lejana vez cuando le vende los ojos.
Pero no pareció molestarle en lo más mínimo, así que tome aire y continúe.
“Bueno sus padres están de viaje y ha contratado a un Dj bueno y tiene suficiente alcohol para embriagar a la escuela completa por semanas. Tu sabes que nunca hace fiestas en su casa, pero le convencí de organizar un Rave para ti y tus amigas porristas…”
La cara de Megan era un amasijo de emociones. Por un lado me odiaba, por el otro le encantaba tener mis 16 centímetros dentro , y el hecho de haber hecho eso por ella le daría un status increíble en su así llamado “circulo de amistades”. No era un secreto que la casa de Bukowsky era ideal para tener la fiesta de todas las fiestas.
“Mateo no…no sé qué decir.. eso está de.. wow..”
“Claro, la única condición es que Bukowsky y yo estaremos allí..” Su boca se torció inmediatamente en una mueca de desaprobación.
“¿Y los demás nerds del otro día?” Pregunto con singular desazón.
“Mmm no, ellos no, es una fiesta privada…” Guiñe el ojo, intentando convencerla.
De repente su mama le dijo desde la cocina:
“Meeeegann, voy con tu papa a comprar unas cosas al súper, ahorita regreso linda” Y ambos en un gesto inocente nos despedimos agitando la mano como si fuéramos retrasados mentales.
“¿Entonces las repartirás Megan?” Le pregunte mientras a lo lejos oíamos el sonido del coche arrancando y yéndose del pórtico.
“…Mmm bueno sí.” Contesto segura de sí misma, ya que de seguro la idiota pensó que a nadie le importaría estar con un par de nerds si había suficiente alcohol música y comida como para pretender que no existían. “¿Por qué haces esto por mi?. Mateo.. yo pensé que.. era solo chantaje.. por sexo.. pero esto…”
“A pesar de tus berrinches te amo, Princesa.. y quiero que estés feliz a mi lado.” Me ladee y le di un beso tierno en su mejilla, para luego pararme a su lado y dejar su rostro a la altura de mis pantalones “¿Y no me gane nada?”
Megan entendió el mensaje y miro a ambos lados del jardín , particularmente hacia la cocina, tratando de percibir algún espectro de movimiento. Nada, solos los dos, entonces bajo el cierre de mi pantalón, metió la mano y de un solo movimiento mi pene largo y grueso salió a saludarla, completamente firme y erecto.
Megan lo conocía ya en cada uno de sus orificios, pero cada vez que lo tomaba era la misma historia, sus ojos se convertían en una ventana perfecta de su emoción, del encanto que le producía sentir mi pene grande y grueso. Sin que yo tuviera que darle alguna instrucción puso sus labios alrededor de la punta y saco su lengua para acariciar el orificio primordial, con tiernas lengüetadas que sembraban un cosquilleo agudo en mi cuerpo.
Verla allí sentada lamiéndolo me hizo querer sentir YA esa boca caliente y rica tragándose mi carne, entonces le tomé del cabello y poco a poco la empuje con fuerza hacia mí. Megan pataleo un poquito ante el rudo trato, pero como toda una profesional se fue tragando mi pito centímetro a centímetro mientras sus ojos verdes me miraban desde detrás de las gafas.
“Mff…mfmf…mfmf…” Gemía.
“¿Te gusta esa verga en tu boca Megan?”
Ella se hizo hacia atrás y lo saco por completo en un movimiento que me pareció tomaría años. Su saliva contra el viento me dio una gélida caricia, su mano se aprenso de la base y comenzó a masturbarme con fuerza…
“S.si.. si papi me encanta que me des regalos..” Dijo con una vocecita infantil para después volver a devorar mi falo con movimientos fuertes, adelante y atrás, mientras su mano jalaba cada porción del venoso cuerpo. Su lengua era la de una serpiente amenazante, moviéndose en todas direcciones luchando contra el cuerpo ajeno en su boca.
“Mmfmf…mfmf…mfmf….mfmf…” La cabeza de mi Meg se movía de atrás para adelante, con succiones poderosas.
“Mm si Megan, te lo ganas por saber mamar verga. MI verga. Sabes cómo me gusta..”
“¿He s.sido buena..?” Pregunto entre gemidos, sacando mi pene solo un poco para volverlo a meter. Obviamente la Megan grosera y altanera se volvía una gatita sumisa apenas tenía un palo en la boca.
“Mm si, has sido buena, muy buena, me gustas así de sumisa y deseosa de que te coja cuando me place, me gustas Megan.” Dije acariciándole la cabeza mientras la ayudaba a deslizarse por mi verga más rápidamente.
“Mfmf…mfmf…mfmfm…” Siguió mamando obedientemente por varios minutos más, hasta que de repente jalo mi miembro contra mi abdomen, acariciando con su mano en la base a la vez que lamia con reverencia el tronco, lenta y pausadamente, cambiando la dirección de su lengua caliente en cada ocasión.
No tardo mucho mi esclava en descubrir mis bolas, y con un gesto coqueto su lengua comenzó a darles suaves atenciones también.
Cerré los ojos mientras el sudor caía por mi frente. Esto era demasiado placer, ningún humano podría aguantar mucho tiempo esa lengua sin venirse. La sujete de la cabeza nuevamente, y le dije:
“¿Quieres tu leche ya, Princesa?”
“Si papi… “ Dijo con quejiditos deliciosos entre cada palabra.
El brillo dorado de aquella piel sudando en el éxtasis de una mamada gloriosa me desquicio. Sentí las cosquillas en mi verga, el anuncio de una inevitable corrida, y con autoridad me acerque a ella y sujete su cabeza con una mano frente a mi pito mientras me masturbaba con la otra.
Y sin dejar que se la metiera en la boca me vine en aquel rostro delicado y fino, en cantidades industriales. Casi parecía que estuviera orinando, y violentos chorros de semen comenzaron a cubrir las finas facciones de mi Meg, que sin embargo mantenía la boca abierta de par en par y se contorneaba como gata en celo bajo mi mando.
Yo estaba a punto de desmayarme, y sentía que me daría un infarto o algo por la inmensa tensión que me producía venirme así. Finalmente, tembloroso, voltee a ver de nuevo a Megan y vi que esta vez había abusado.
Mi pobre esclava tenía la cara literalmente empapada y goteando por cada lado. Mi blanco semen estaba por todos lados, y desde su frente hasta sus mejillas estaban ahora pobladas con ríos blancos. Incluso su nariz estaba nevada y pegajosa, y un delicado rio blanco se deslizaba por sus labios hasta su barbilla.
“Ohhh Megan.. que delicia.” Espere unos segundos con los ojos cerrados, sintiendo la Boca de mi esclava sacándole hasta la última gota de mi semen a mi debilitado miembro. Entonces lo guarde de vuelta a mi pantalón y la hice voltear a verme a la cara.
“Te veo en la fiesta, linda…” Y me marche sin darme la vuelta. No sabía qué cara estaría poniendo Megan al ser abandonada tan abruptamente, pero seguramente por las grabaciones de video lo sabría muy pronto.
A toda prisa fui hasta mi recamara y me puse a pensar acerca de lo que vendría en unas cuantas horas más.
Aquella noche los sonidos dentro de la residencia Bukowsky pasaron de los silenciosos arrullos de los grillos que se perdían por el jardín, al barullo de la música electrónica vomitada de unos bafles. Habíamos cambiado los focos de toda la casa por bulbos de colores, rojos verdes y purpuras. Bukowsky lo encontró divertido, pues a ambos nos habían gustado esos colores por los relatos de la máscara de la muerte roja de Edgar Allan Poe.
“Si viene alguien con una máscara roja, me vomito..” Dijo mi pálido amigo mientras inhalaba con fuerza su aparato para el asma.
“No lo creo, solo vendrán nalguitas redondas y perfectas, entalladas por la fina marca de victoria Secret..” Echamos a reír como niños para después continuar con los preparativos.
Colocamos bebidas, tequila y vodka en su mayoría, jugos de tantas variedades como el mini súper de la colonia nos había permitido, y finalmente el “Ingrediente secreto”, que pusimos en el fondo de los vasos plásticos. Ya todo estaba listo y en su lugar…
…Solo quedaba esperar.
Los invitados llegaron perfiladas las 11 en el reloj.
Los primeros en llegar en un convertible de color negro fueron los 5 magníficos, como les decían en la escuela, los cinco más populares, Samantha, la única afro-porrista de la región, una belleza mulata de madre cubana y padre francés. Michelle, la chica rubia de pelo rizado y ojiverde, y Megan, mi perrita particular. Y para completar el quinteto también venían Rocky y Pablo, dos de los jugadores de Americano, gorilas sin cerebro que solo se dedicaban a presumir las fortunas de sus padres o sus grandes músculos.
Al dejar el carro con el valet Megan me vio cerca de la mesa a medio jardín y camino hacia mí. Venia hermosa, ultra sexy con unas botas de esquimal blancas, arribita de la rodilla y con borlas afelpados que parecían minks atrapados entre las agujetas que adornaban todo su contorno. Más arriba traía una micro falda de mezclilla apenas cubriendo su rico y encantador culito, un topsito de bikini blanco rebozando sus senos hermosos y al final una chamarra de esas de gorro afelpado.
“Aquí estoy, pero… lo siento, Mateo, mis amigos no tienen intención de quedarse. Hay otra fiesta en la ciudad, y todos quieren ir mejor a esa.”
“Aun no me has dado mi beso, Megan.” Repare.
Megan se acerco a mí con un poco de asco y entonces le puse las manos en el abdomen descubierto, firme y terso al tacto. Ella me puso los labios en los míos, separándose un segundo después. No fue mucho, pero mi miembro condicionado ya estaba en proceso de erección.
“Te pasas, estúpido, pero bueno, me voy con ellos…”
“40 fotos, Megan.” Dije antes de que pudiera darse la vuelta, y entonces se detuvo en seco en su lugar.
“Piénsalo, convéncelos y si se quedan 2 horas, entonces las fotos son tuyas..”
La chica me miro cruzada de brazos, y el brillo que había puesto en sus mejillas centelleaba como polvo de diamante en su piel. Entonces la brisa entonces trajo hasta mis sentidos el matiz del perfume que le había regalado, intenso y fresco. Sin poder ocultar una sonrisa malvada supe que Megan se había vuelto a poner la fragancia.
“Dos horas, Mateo, ni un minuto más…” Dijo finalmente.
Sonreí para mí y entonces ella se dirigió a su grupo, arremolinados enfrente del jardín. Los muy estúpidos se reían como hienas mientras volteaban a verme, quien sabe que cosas les estaría diciendo en estos momentos Megan acerca de la fiesta para hacerlos quedarse.
Yo por mi parte saque las botellas para servir algunos vasos. Claro, podrían haber sido tragos muy elaborados, pero a estos idiotas con jugo y alcohol se les tenia contentos.
Megan cumplió una vez más su parte del trato y de repente todos llegaron a la mesa y se quedaron escuchando la música, mientras el DJ les saludaba. Poco a poco fueron llegando más invitados, y el lugar comenzó a llenarse.
Entonces los dos gorilas se me acercaron.
“¡Bonita fiesta, Cerillo!” Dijo Rocky mientras me daba una palmada muy fuerte en la espalda, dando un sorbo generoso a su vaso mientras mostraba una sonrisa con sus grandes dientes como pastillas de chicle.
“Mateo… si no te incomoda..” Dije secamente mientras buscaba a Megan con la mirada. Vi que platicaba alegremente con Michelle y Samantha mientras Pablo se asomaba a los vasos medio llenos en la mesa, para olisquearlos como una rata gigante y comenzar a beber de ellos.
“Oye, Mateo, tu amigo Bukowsky… ¿Es cierto que es un asesino, y que tiene una jauría de perros que suelta cuando a alguien atraviesa su casa?” Una pequeña carcajada siniestra vino de mi subconsciente, ya casi había olvidado las leyendas urbanas sobre Bukowsky. Todo por su piel casi albina y su mirada desorbitada que le había valido que la mayoría de los chicos inventaran pseudo-historias de terror de él y de su casa.
“Siiii es cierto.. ¡Y son grandes! ¡Y feos! Y babean! Están por allá atrás, ¿¿¿Quieres verlos???” Les dije con una falsa emoción. Ya tenía planes por si alguno de ellos venia, pero no pensé que la podrían tan fácil.
“¿En serio? Wow viejo claroooo, ¡Hey Pablo! ¡Ven, vamos a ver los perros asesinos de Bukowsky..!” Grito Rocky.
Pablo tomo dos de los vasos con sus simiescas manos y los trajo hasta donde estábamos, su morena y dura cara cuadrada sonreía con singular alegría mientras daba sorbos grandes y nada pausados. Rocky hizo lo mismo, no sé si para darse valor o simplemente para embriagarse.
“Denme un minuto, chicos, no tardo..” Y fui hacia donde estaba Megan, aunque en el camino me di tiempo de ver a Michelle y Samantha, ya que ambas también tenían cuerpos deliciosos y listos para cogerse.
Michelle traía una falda roja que le llegaba a medio culo y un saquito torero, y ambos le daban una apariencia carmesí a su blanca piel. Mientras tanto Samantha había elegido el azul cielo en un pantalón parecido a los pescadores, y blusa blanca diminuta mostrando su piercing en el ombligo.
Abrace por el talle a mi chica pegándola contra mi pantalón, dejándole sentir mi falo duro contra sus bien paraditas nalgas. Su cuerpo brinco un poco, pero aun así sentí como movía su culo para acariciarlo. Pero entonces se dio cuenta que sus amigas me fulminaban con una mirada de odio y se detuvo.
“Megan, voy con los chicos a ver algo y luego regreso por ti, ¿Correcto?”
“Si, como sea..” Dijo secamente.
Me fui de allí mientras escuchaba algo entre Megan y Michelle, preguntando si me quedaban meses de vida y cuantos.
…Hilarante de verdad, hilarante.
En el piso donde deje a Rocky y Pablo ya estaban los cadáveres de 4 vasos vacios y su gusto por el alcohol era evidente, además, claro, de su falta de auto control, no importándoles el poder beber hasta desmayarse.
Sus mejillas enrojecidas y sus ojos vidriosos los delataban, empezaban a ponerse ebrios y sus sonoras carcajadas fueron mi comité de bienvenida.
“Cerillo, ¿Recuerdas cuando te metimos de cabeza al cesto de la basura y no podías salir? Jaja fue tan gracioso, ¿Quien hubiese pensado que ahora estaríamos bebiendo juntos no? Jajjaja” El Imbécil de Pablo termino su frase con un golpe en mi espalda que bien podría haberme sacado un pulmón, y dentro de su reflexión estúpida solo sonreí desganado.
Yo no bebía, y no tenía intenciones de hacerlo.
Imbéciles, lerdos estúpidos.
“Si, fue gracioso, listos para ver a los Bull Terriers?”
“¡Si!” Dijeron al unísono. Entonces nos pusimos en marcha hacia las perreras.
Entre tumbos a causa del alcohol y bromas de mal gusto, en su mayoría acerca de mí, llegamos a las perreras. El sitio era un complejo de varias celdas de malla con paja dentro.. sin luz alguna más que la que entraba por la puerta con timidez.
Me encamine a una de ellas y antes de abrirla les pregunte:
“¿Oigan caballeros, ustedes bebieron de los vasos Naranjas, Morados, o Blancos?”
Se miraron entre ellos extrañados y en sus torpes miradas decían que bebieron sin que les importara el color de la bebida.
“Perfecto señores, entonces.. felices sueños.” Ambos me miraron con rareza, pero antes de que pudieran hacer nada les temblaron las piernas y apenas unos segundos más tarde yacían ahí, tumbados en el pasto adormilados, producto de un somnífero tripartito en los vasos. Solamente si se era suficientemente estúpido para beber de los 3 sin tiempo de separación pasaría lo que le paso a mis “amigos”, y el resultado estaba a la vista.
Los arrastre a una de las celdas, en donde tardarían varias horas en despertar, y regrese a toda prisa a la fiesta. Inmediatamente volví a buscar a Megan, que se encontraba sentada sobre la mesa con su delicadas piernas cruzadas, bamboleando su lindo cuerpo al ritmo de la música mientras la rubia y la morena se reían a carcajadas con una actitud más desinhibida.
Todas en sus manos tenían unos tragos a medias que gritaban el porqué de su cambio de actitud, y poco a poco la distancia entre ellas se iba acortando. Ante los ojos de cualquier persona eso no significaría nada, pero para mí era claro lo que ocurría, el ingrediente secreto que había puesto en sus bebidas comenzaba a hacer su efecto.
“Hola chicas.. hola Meg” Dije en aquel tono meloso y estúpido de siempre.
“¡Hola nerdsin!” Dijo Michelle con una risita tonta. “Es una pena que te vayas a morir pronto, eres como que lindo.. de la forma en que es lindo un cachorrito o algo así.”
Inmediatamente la mirada de Megan me fulmino, ya que esa era la excusa que les había dado a sus amigas acerca de nuestra “relación”, pero no había pensado en el pequeño detalle que el alcohol les soltaría al lengua. Con sus ojos y su carita me rogaba que no dijera nada que la pudiera comprometer más.
“Si, es una pena…” Agregue con un suspiro melancólico. “Pero es una fortuna que la bella Megan al fina haya aceptado andar conmigo, así mis últimos días serán felices. ¿O no?” Megan asintió falsamente y sonrió a sus amigas, y ellas hicieron el mejor gesto de puchero que podían, dándoles el aspecto de niñas tontas y después rieron otra vez.
Entonces una ráfaga de aire se coló desde el jardín, húmeda y cálida, y pude darme cuenta que se metió por los vestidos de las chicas. Ellas, enardecidas por el alcohol, reaccionaron inmediatamente. Megan se mordió el labio, mientras Michelle disimuladamente le daba un trago a su vaso, y la morena sudaba un poco, dándole a su piel café y a sus ojos verdes un brillo exótico.
“Si, mi mal es congénito, y pues no me queda mucho tiempo. Pero saben, como terapia he grabado muchos videos de las cosas que me gusta hacer y ver. Los podríamos ver en el sistema en teatro de la casa si gustan.” Dije con una sonrisa inocente.
“¡WOW! Qué lindo, si, vamos a ver..” Dijo la mulata, aprovechando para bajar sus manos disimuladamente entre su pantalón. Una vez más comprobé como el morbo era una fuerza poderosa, es increíble que estas chicas quieran interesarse en el fin de mi vida, cuando de hecho nunca antes se habían preocupado por mi existencia. De todos modos el propósito de llevarlas dentro de la casa había dado resultado.
Tome a Megan de la mano y la fui llevando al segundo piso de la mansión, en dirección del cuarto de cine, mientras las otras dos chicas seguían torpemente nuestros pasos. Las bebidas las tenían a las 3 llenas de torpeza, y todas ellas se tambaleaban en sus tacones por la pérdida del equilibrio, soltando risitas aquí y allá.
Bueno, Megan un poquito menos que las demás.
Pero entre aquel coro femenino sentí como sus respiraciones se agitaban y su temperatura no amainaba, por el contrario, hacia que se ruborizaran e inconscientemente buscaran el contacto físico. Michelle y Samantha se tomaban de la mano, acariciando sus dedos de forma no muy disimulada. Y de reojo vi a Megan, y en su ajustado top sus pezones estaban deliciosamente erectos y listos para mí.
Por fin llegamos al cuarto, pero estaba a oscuras. En la penumbra las guie hasta el único sofá frente al fantasma sombrío de la pantalla de plasma en medio de la estancia, y las chicas entre mas risitas tontas obedecieron.
“Esperen aquí, dejen prendo la luz…” Les dije al tiempo que las figuras oscuras se quedaban allí quietas, y una de ellas dejo escapar un “ que rico huele” al tiempo que la otra voz más familiar contestaba. “Si, es el perfume que me dio Mateo.”
Al encenderse la luz el escenario quedo al descubierto, y mil sabanas blancas cubrían los muebles mientras varias lámparas incandescentes iluminaban los sillones. Las chicas hicieron un gesto de rechazo la luz, cubriéndose con las manos mientras se acostumbraban al resplandor.
“Muy bien. Bienvenidas señoritas. Prometí enseñarles algunas grabaciones de mi vida y de hecho verán que en varias ustedes son protagonistas.” Y al decir eso prendí el centro de entretenimiento, en el que una veintena de ojos electrónicos se abrieron en colores rojizos mientras en el plasma de la pared aparecía la imagen de las 3 chicas desorientadas.
“Sassafras Albidum…” Dije triunfante, dándome pequeñas felicitaciones internas por mi genio. Volteé a verlas y vi que todas sudaban, ya que las luces incandescentes y la caminata ya habían hecho su trabajo erectando aun mas sus pezones, delatando una excitación deliciosa. Y “sin quererlo” las 3 estaban muy juntas, fingiendo estar asustadas por lo que va a pasar.
“N.No nos vas a Quitar los órganos.. y ponernos en una tina ¿Verdad Mateo?” Dijo Michelle, quien al aparecer había visto demasiadas películas de leyendas urbanas.
“Jajaja…No, nada de eso mis niñas. Sassafras Albidum, para sus tontas mentecillas, puede no significar nada pero déjenme iluminarlas un poco. Es una planta perfectamente deliciosa que, si la machacamos obtenemos un aceite rico de olor como lima, delicioso, pero…” Hice una pequeña pausa y continúe. “…Si a ese aceitito lo oxidamos obtenemos un polvo rico que al mezclarlo y compactarlo nos da una situación deliciosa una droga llamada la droga del amor, la cual estaba al fondo de sus vasos. Si, señoritas, ese rico sabor amargo no era que el vaso no estuviera limpio o el vodka, sino la droga entrando en ustedes…”
Las chicas veían asustadas sus vasos, ya vacios como sus cerebros, sin nada en el fondo. La habían ingerido toda. No era una mentira para nadie que ellas hacían uso de sustancias nocivas en sus fiestas, pero la mayoría del tiempo ellas estaban en control. Esta vez alguien había tenido la osadía de tomarlo por ellas y decidir sin preguntarles, un acción que bien podría molestarles o prenderles más la sangre. De cualquier modo la droga ya comenzaba a hacer efecto, y su voluntad estaba ahora siendo doblegada por ella.
“¿Pero saben que es lo mas delicioso? Que Megan tiene el catalizador, la otra parte de la droga, el ingrediente final que les quita el antifaz de niñas bobas y les deja la piel de zorras al descubierto. Simplemente, vean su piel. Ese olor cítrico que en este momento encuentran imposiblemente atrayente es ella emanándolo. Y sé que se sienten calientes y desinhibidas, de hecho, no pueden hacer nada más que pensar en cómo sabrá la piel de Megan, que se sentirá acariciar sus pezones y besarla toda. Lo sé, es parte la droga y sus deseos escondidos potenciados. Así que, básicamente, como niñas buenas tendrán relaciones entre ustedes para mi, para aumentar mi colección de videos de las cosas que me gusta hacer.”
“¡Me niego!” Dijo Megan levantándose de un brinco con algo que parecían lagrimas en sus ojos, pero al levantarse las otras chicas la siguieron la siguieron con el olfato. Desgraciadamente para mi esclava, el nerviosismo y el sudor solo aumentan los efectos del catalizador.
La intercepte a medio camino de la puerta y la detuve con firmeza. Entonces le di la vuelta de nuevo y la acerque por el talle al sofá donde sus amigas la miraban con curiosidad. Con un pequeño forcejeo la obligue a empinarse contra el mueble, mientras apretaba mi cuerpo contra sus nalgas.
“Shhhh Megan… Shhhh..” Le dije al oído, apretándome aun mas contra ella. Megan no sabía si resistirse o pelear, pero su cuerpo se ponía cada vez más caliente y ahora estaba desbocado, ignorando a su voluntad.
“¿No se les antoja, chicas? Mírenla, tan dulce y delicada, tan rica..” Subí mi dedo lentamente por el duro abdomen de Megan hasta que llegue al límite del top y lo levante, descubriendo sus pezones. Ella forcejeo un poquito, pero luego gimió un poco y cerro sus ojos, rindiéndose.
Lamí el sudor en su brazo, exudado y endulzado por el perfume que le cociné. Sabia delicioso, a sal y limón, a vida emanada del cuerpo de mi amante. Y Michelle se fue acercando con curiosidad a uno de sus pechos, como el animal que ve al otro devorar algo delicioso. Con una mirada curiosa poso sus ojos sobre mis labios, apreciando como me relamía de aquella sensación, mientras la mulata se acercaba con la misma actitud al otro pecho desnudo de Megan, acariciando su brazo con vehemencia y casi bufando.
Las anfetaminas tenían ese efecto, haciendo que el tacto se magnetizara a proporciones deliciosas, queriendo acariciar todo lo que se tiene a la mano.
“Señoritas, a mamar se ha dicho…” Les dije a las dos chicas, que ante esto perdieron por fin sus inhibiciones.
Michelle abrió lentamente su boca y devoro con hambre el pezón derecho de Megan, mientras Samantha hacia lo mismo con el izquierdo. Megan tembló bajo mi cuerpo, dejando escapar un gemido tierno, pero no se resistió. A estas alturas era evidente que había perdido por completo cualquier sentido de pena o pudor.
Las chicas se apretaban como vampiras al cuerpo de Megan, como si fueran dos becerritas mamando de una vaca. Sus bocas jalaban, mordían, lengüeteaban y succionaban con tanto vigor los firmes pechos de mi esclava que llegue a preguntarme si no le dolía un poco.
Pero Megan permanecía empinada contra el sofá, poniéndose tensa en ocasiones mientras varios gemidos se le escapaban una y otra vez.
“¿Te gusta, Michelle? Anda, succiona mas ese pecho, quiero ver cómo te lo comes aun más agresivamente… Samantha, tu también…” Les decía a las chicas, que sumisas me complacían en TODO. Eran ahora esclavas de mi voluntad, y cada lengüetazo que le daban a la piel de Megan hacia aun mas fuerte el efecto.
Entonces agarre la faldita de Megan y con un movimiento brusco la levante hasta su cintura, dejando sus nalgas expuestas ante mí. Meg recobro un poco de pudor, y me dijo:
“N.no, Mateo..e..enfrente de…ellas, no.. por favor…” Dijo suplicante.
Deslice mis manos por su cabello negro, y le di un jalón agresivo que la obligo a mirar de nuevo al frente.
“No, Meg, quiero tu ano YA. Bájate tu solita la tanga.”
“P..por favor..M.mateo…” Suplicó y sus amigas voltearon a verla con atención. Claramente estaban interesadas en lo que ella tenía que decir.
“Bájate la tanga, Meg… no te lo volveré a repetir.”
“M.mateo, yo..”
La muy estúpida no entendía. Eso era evidente. Le di un jalón de pelo durísimo, y sentí como su cuerpo temblaba por debajo de mi. Tuve que hacer algunos esfuerzos para someterla y dejarla en su lugar.
Finalmente Megan se rindió y agarro los costados de su tanga con las manos, bajándola hasta media pierna, dejando ahora si su ano completamente a mi merced.
“¿Quieres que te la meta ya, putita fresa?” Le dije al oído. Megan se estremeció, pero con un ligero movimiento dijo que sí. Su calentura era tremenda, y su bello cuerpo sudaba a mares ahora. Mi niña quería verga, y la quería ya.
De repente una de las manitas delicadas de Michelle agarro a Megan de la cabeza y la acerco a su boca. Y para mi sorpresa las dos comenzaron a besarse apasionadamente. Podía ver como las dos preciosidades movían el rostro de un lado al otro, metiendo y sacando sus respectivas lenguas en la otra con desesperación, en medio de un mar de soniditos húmedos.
Tuve que hacer un gran esfuerzo para no venirme ahí mismo. Y entonces se me ocurrió una idea genial. Sin darle tiempo a nada agarre a Megan por las piernas y la avente hacia el sofá, de tal forma que cayó boca arriba entre sus dos amigas.
“¡Ay, estúpido..!” Me reclamo durante un segundo con su actitud de Megan grosera, pero sus dos amigas se abalanzaron sobre ella y casi instantáneamente la llenaron de besos, silenciándola. Rápidamente le di la vuelta al sillón y durante unos segundos vi el más grandioso espectáculo de mi vida.
Ahí estaba el amor de mi vida, mi dulce y puta Megan, siendo besada y manoseada por sus casi igual de bellas amigas. Y ella ya no oponía resistencia, y se retorcía entre las dos con una actitud que me prendo hasta límites insospechados.
Michelle no se soltaba de la boca de Megan, propinándole besos agresivos y lamidas por toda su cara. Mientras tanto los ojos de Megan entrecerrados reflejaban la luz por la pequeña abertura de sus parpados, tan característica de un deseo mórbido e incontenible.
Samantha hacia lo mismo con sus pechos, y su boca hambrienta y voraz se los comía con agresividad, como la leona que come después de 2 meses de no hacerlo. Seguramente por la droga ahora el pequeño y tibio filamento de éxtasis que corría a sus cerebros se había convertido en un tren a toda marcha, pues las 3 gemían con delicia, abriendo sus bocas sin separarlas más que para tomar aire y poder continuar.
Voltee a ver la pantalla de plasma, y vi que reflejaba fielmente la escena que tenia frente a mí. Bukowsky y yo habíamos puesto tantas cámaras como ángulos eran posibles, y en modo automático la imagen cambiaba constantemente para reflejar todo lo que ahí ocurría.
Justo ahora en la pantalla ahora estaba la imagen de la faldita roja de Michelle, que se levantaba y dejaba sus nalgas enormes al descubierto, bronceadas y redondas, mientras los fluidos de su pubis le daban una tonalidad un poco más oscura a su diminuta tanga a rayas blancas y rojas.
“¡Samantha!” Le dije en tono autoritario a la mulata, que inmediatamente volteo hacia a mí con un movimiento Hipnótico. “¿No te encantaría sentarte en la cara de Megan?”
A lo que el ángel oscuro envuelto en azul contesto que sí con la cabeza.
Megan solo la miro desde el sofá, arqueando la espalda, casi ofreciéndose. Pero aun así algo en ella se resistía, porque dijo:
“N.no, Mateo.. yo no.. no quiero.. eso. No soy..l.lesbiana..” Dijo con apuros mientras Michelle le lamia lentamente la cara.
“Pues desde aquí no parece, eh…” Dije con una sonrisa. Samantha se levanto del sofá y lentamente comenzó a quitarse el pantalón y el top, para quedarse solamente en una deliciosa tanga blanca. Megan la miro aterrorizada desde abajo, pero cuando trato de moverse Michelle la sujeto de los hombros y la dejo en su lugar.
“S.sueltame, Michelle, y.yo..” Decía Meg forcejeando, pero la rubia la contuvo sin problemas.
“De hecho, Megan, yo también quiero verte hacer eso..” Dijo con una sonrisita malvada.
Samantha se bajo lentamente la delicada tanga hasta el piso, y con mucha gracia la tiro hacia mí. Vi que el bosque entre sus piernas era abundante, y aunque a mí en lo particular me gustaba que mis chicas tuvieran su “look” bien cortito, no pude voltear a ver otra cosa.
La pantera negra se fue acercando lentamente a donde su joven y blanca victima la esperaba. Su mirada seguía perdida, con su sistema sanguíneo inundado por la droga que les había dado. Y era evidente que solo tenía un pensamiento en la mente…
“D..déjame, Michelle.. y.yo…” Seguía peleando Megan, tratando de zafarse. Pero era evidente que sus esfuerzos cada vez eran más débiles.
He de hacer notar que la droga bajo ninguna circunstancia obliga a nadie a hacer algo que no quieran. Por ejemplo, hacer que las chicas tengan relaciones con un perro o algo así. Pero..
Si en la mente de Megan existía alguna posibilidad de que las mujeres le dieran cierta curiosidad….
…La droga se encargaría de maximizar 1000 veces ese instinto. Y eso parecía estar sucediendo, porque finalmente Michelle logro sujetarle las manos y la obligo a cruzar sus brazos sobre su estomago, sometiéndola.
Y entonces sucedió.
Samantha se sentó sobre la cara de Megan.
Mi chica se retorció durante algunos segundos mientras el bosque de Samantha engullía sus quejidos, hasta que su rostro quedo firmemente atrapado entre las piernas de la Mulata. Las dos chicas la mantuvieron inmovilizada todo este tiempo, y pude ver como el firme vientre de Meg subía y bajaba violentamente por su respiración.
“M.f.f….mfmf…s…suel…suelt…suéltame, M..Michelle…y…mfm…” Decía Megan mientras sus fuerzas se agotaban.
Pero sus amigas eran ahora como zombis sexuales, y no iban a dejar que su presa se les escapara. Samantha se apretó aun mas contra la cara de Megan, casi impidiéndole respirar.
Obviamente, me acerque lo mas que pude a ver el espectaculo, y al ver ese rostro tan perfecto apretado entre dos poderosas piernas negras, enterrado en la mas deliciosa selva negra..
Fue lo máximo. Megan se resistía, y vi que tenía sus bellos ojos verdes cerrados y su boca también. Su mente aun luchaba contra el poder de la droga…
Pero algún día tendría que respirar, ¿No?
“Abre la boca, Meg.. “ Le dije suavemente, mientras la morena comenzaba a frotarse con su cara.
Megan se estaba poniendo morada.
Finalmente..
“Ahhhhhh….” Respiro profundamente, y la sensual Samantha aprovecho para apretar su sexo descaradamente contra su boca. Y sorprendentemente, Meg siguió respirando así durante algunos segundos más, acostumbrándose al fuerte y delicioso olor que le cubría la cara…
Y apenas unos segundos más adelante, la droga gano la batalla. Meg dio sus primeros lengüetazos tímidos, pero rápidamente la timidez se volvió hambre, y su boca se apretó al sexo de Samantha con una voracidad absoluta.
Y la bella pantera negra no desaprovecho la ocasión y comenzó a montarle la cara, frotándole su sexo por todas partes mientras le dejaba el rostro empapado, como si fuera la cobertura de azúcar que les ponen a las donas.
“Mf…mf…mfmf….mff….” Gemía tiernamente Megan mientras devoraba aquella humedad frente a ella.
Y yo ya no podía aguantar más. Tenía las bolas azules por lo que acababa de ver. Si mi serpiente no soltaba el veneno pronto sería el primer ser humano en morir por una calentura mal atendida.
Y ningún lugar era mejor para soltar mi leche que el apretadísimo culo de mi chica.
Me levante y a toda prisa fui hasta el otro lado del sofá, donde Michelle seguía besándole los pechos a mi Megancita.
“Ven, Michelle, te tengo una tarea…” Dije con apuros mientras acomodaba las piernas de mi esclava de tal forma que quedaron de lado, con las rodillas juntas. Michelle se me quedo viendo con esa expresión perdida tan típica de los drogadictos, y tuve que agarrarla del cabello y guiarla hacia el ano de Megan para que entendiera.
“¿Se te antoja comerte su culo?” Le pregunte con autoridad, a lo que Michelle dijo que si con la mirada. “Pues cómetelo, déjalo lubricado para mi…¿Entiendes?”
Y no se lo tuve que repetir. Michelle se dejo caer sobre el ano expuesto de Megan y su boca se apretó contra el delicado agujerito como si fuera una sanguijuela. Mi chica inmediatamente reacciono, y pude oír un gemido ahogado entre las piernas de la mulata.
Y el efecto de tan ardiente beso negro no termino ahí, porque Meg comenzó a mover sus caderas de una forma lenta y sensual. Michelle me miro con sus dulces ojos café mientras sus delicadas manos abrían de par en par las nalgas de mi chica y su rostro desaparecía en medio de ellas.
El sexo en el aire se respiraba. Olores deliciosos y tiernos quejiditos por parte de las chicas me tenían rodeado, y mi instinto animal quería violarlas a todas. Estaba como loco, quería poseerlas a todas, de todas las formas posibles.
Pero por el momento, necesitaba perforar un par de nalguitas. Y YA, ahora mismo.
Saque mi verga del pantalón, pero sorpresivamente Michelle la tomo con su mano y me fue obligando a acercarme a ella. Entonces se la metió en la boca y le dio un par de juguetonas mamadas, dejándomela empapada.
Entonces la rubia se levanto del sofá y aproveche para acomodarme en el de tal forma que pudiera montar a mi Megan a placer. Voltee a ver qué tal le estaba yendo, y vi que la bella mulata seguía retorciendo sus caderas sobre su cara, montándole el rostro de una forma que no creí que fuera posible.
Y Megan había entrado en su modalidad sumisa, porque a pesar de que Michelle ya no le sujetaba las manos, las tenía caídas a su lado. Ya no ponía ninguna resistencia, y por sus gemidos ahogados supe que se estaba dando el gran festín de jugos sexuales.
Entonces Michelle se arrodillo junto al sofá y me agarro la verga con su mano. Lentamente sentí como mi miembro estaba siendo dirigido con la punta de unos dedos a un culo deliciosamente apretado. Seguí inclinando mis caderas hacia delante y en respuesta la punta de mi pito fue deslizándose lentamente entre dos poderosas nalgas de mi niña.
Megan respondió retorciéndose como felina, y justo en ese momento Michelle escupió sobre el tallo de mi verga para ayudar a la lubricación. Y sin piedad alguna mi falo llego hasta su ano y entro de golpe, abriendo cruelmente su carne.
Mi chica se puso aun más tensa, y su bello estomago volvió a subir y bajar con prisa, señal de que estaba respirando agitadamente. Las sensaciones eran exquisitas, ya que su culo se estaba resistiendo como nunca lo había hecho. La presión era tremenda, y casi podía sentir como si ella quisiera podría cortar en dos mi miembro sin problemas.
Y también me di cuenta de que Michelle era muy voyerista, ya que seguía muy de cerca la acción. Su rostro estaba a solo centímetros del espectáculo, y por su boca abierta supe que se le estaba antojando muchísimo.
“Mm si, cógete ese culo, Mateo.. “ Dijo suavemente mientras se masturbaba descaradamente
Y mi instinto animal tomo por completo el control. Apreté mis caderas contra las nalgas de Megan y comencé a bombearle el ano sin piedad alguna. Duro, rápido, atrás para adelante…
Slap, slap, slap, slap, slap…
Ella gimió en respuesta y por la forma en que sus pezones se levantaron ligeramente supe que le estaba encantando. Apreté los dientes y el sudor comenzó a caer a chorros por mi frente.
Ya no era Mateo el cerebrito. Ahora era un animal, con un solo objetivo en su vida.
Domar a su hembra.
¡Slap, slap, slap, slap, slap….!
“AAArrrrgghh….” Grite fuera de mi, moviendo mis caderas a un ritmo brutal. El sofá temblaba con cada acometida, y los gemidos de Megan eran apagados inmediatamente por Samantha, que también estaba montándole la cara al mismo ritmo que yo.
Michelle, por su parte, seguía viendo la brutal cogida, y escupía de vez en cuando sobre mi palo mientras seguía masturbándose.
Había podido resistir, pero ya era demasiado.
Mi cuerpo y mente eran atacados en varias direcciones por el sonido de gemidos, de pieles en mi boca y olores sexuales. Todas las sensaciones eran cada vez más intensas, desde el frio aire chocando con mi sudor, las uñas caras clavándose contra mi piel, el sinfín de sabores de lápiz labial, brillos y maquillaje, la sal y escozor del sudor de Megan, y el cansancio franco de mi cuerpo.
Michelle vio mi expresión y reconoció inmediatamente que estaba a punto de vaciar mi carga. Aun con sus dedos en su vagina acerco su boca a mi miembro y comenzó a darle suaves lengüetadas mientras seguía taladrándole la cola a Megan.
“Si Nerdcito..uff… Déjame ver cuánto semen puedes escupir en este culo…” Dijo febrilmente. Y al oír eso ya no pude mas..
Mi verga comenzó a escupir la carga más abundante de semen de la historia, en las entrañas de Megan.
“AAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAArrrhhhgggg….uts…D..di os, puta mmmadreeee…” Dije temblando de la emoción, sintiendo casi que la vida se me escapaba por el miembro. Las contracciones en mi instrumento eran violentas, y tuve que agarrarme al sofá para no desmayarme.
Pero eso sí.. el placer era exquisito.
Nunca había sentido nada igual. Nunca.
Finalmente, después de varios agónicos segundos, todo el semen en mi interior quedo depositado en las apretado recto de mi esclava, y exhausto me deje caer en el sofá. Con debilidad pude ver que Samantha también se había venido, y se mantenía inmóvil sobre la carita de Megan, que solo respiraba agitadamente, cubierta de sudor.
La única que se mantenía activa era Michelle, que le daba tiernos besos a mi Palo, aun enterrado en Megan.
Estaba jadeando y muerto de placer, y con tres mujeres así supe que no podría mas, así que infantilmente me negué con la cabeza. Entonces Michelle se levanto y fue hasta una de las mesas, en donde tomo los tres vasos que quedaban y vacio el contenido en uno solo. Entonces se arrodillo junto a mí y me dijo:
“Bebe Mateito.. de aquí no te vas sin que quedemos satisfechas..”
Y aunque me costara la vida, sabía que ante esa petición solamente había una salida posible.
Agarre el vaso y con determinación bebí hasta la última gota. Y mientras lo hacía sentí como el sabor de aquellos vasos se intensificaba, mi piel se ponía sensible ante el viento, y los olores en la habitación aumentaban…
Ya no había marcha atrás. Cerré los ojos mientras la boca de Michelle se acercaba a la mía…
Y la fiesta continuo por horas…
ESPERO LES HAYA GUSTADO ESTA LARGO PERO VALE LEERLO O NO?
OPINEN, OPINEN Y PIDAN SUS HISTORIAS…
Opinion de Jvan24









































